14 ago 2012

Espejo.

Estaba cavilando mientras miraba el reflejo de dos lunas tristes sobre el cristal y entendí que no quiero escucharte más.
Por favor..., calla.
Calla y no te expreses. A la gente no le interesa lo que piensas, no creen en tus sentimientos. El mundo sólo se fija en lo que ve, y no en lo que sientes. Las personas están demasiado ocupadas con sus propios problemas como para parar un momento y ayudarte.
¿Qué importa lo que tu corazón dice si lo que, con tu ropa, cabello y mirada aparentas parece gritar lo que crees que eres (maldad pura)? Da igual lo que piensas y quieres gritarle al mundo. ¡Tan sólo cállate! Guárdalo, de nada te sirve llorar si morirás en el intento.
¿Que nadie te comprende? ¿Que nadie te estima? ¿Quieres que comprendan lo que haces cuando hay más cosas que atender? ¡Basta con mirarte! Ya saben todo lo que eres. ¿Qué más quieres que hagan por ti?
¿Un consuelo? ¿Un abrazo? La vida no se pasa entre lágrimas y quejas. Rodea con tus brazos tu regazo y que eso te baste.
Y si soy cruel ¿qué más da? Esta no es más que la simple realidad. A nadie le importa tu versión, a nadie le interesa saber la verdad. Más puede lo que se ve y se escucha, que lo que se siente con el corazón.
Y si lo que siente tu corazón, no es tan fuerte como para que alcance a tocar el de los demás... Lo lamento, no es suficiente.
Deja de luchar ya...
El veneno destila por sus venas, cegando su corazón, asfixiándolo de culpa y matándolo sin compasión.

5 ago 2012

¿Qué puedo hacer?

¿Alguna vez les ha pasado que... quieren ayudar a alguien, pero simplemente no pueden? Esa impotencia increíble y el nudo en la garganta por las lágrimas de ira y dolor... ¿Les ha pasado? 
Si es así, quizás se sientan identificados conmigo en este momento.
Hay personas en este mundo que, con una fuerza increíble, logran introducirse en nuestros corazones dejando su marca, una realmente difícil de borrar. Es decir, de entre millones de seres habitando este planeta, ellos son quienes viven el día a día con nosotros. ¡Sorprendente! Podrían ser otras personas, pero no, ¡son ellos!
Y todo comienza de una manera común, una mirada, una sonrisa, un "hola", un estrechón de manos, un "¡ten cuidado por donde caminas!", un "disculpa ¿podrías ayudarme?", o hasta un "¿me podrías dar la hora, por favor?" Entonces, un sentimiento de simpatía se apodera de nosotros e inevitablemente la conversación se alarga..., sin ningún pretexto más que conocer a ese individuo y no estar solos porque ningún ser humano, aunque lo niegue, quiere estar solo.
Y lo que sigue, ya es cuestión del tiempo y las vivencias compartidas. Sin que nos demos cuenta, hemos encontrado un amigo, un hermano, una pareja. Una persona en particular que nos llega a conocer más que nosotros mismos, que sabe de tu pasado como si hubiera estado en él, que te apoya, te llama la atención, te aconseja, con la que te sientes en confianza de contar un secreto. Y tan sólo una mirada basta para saber si estás feliz, o triste. Si te incomoda su acción o si te emociona.
Para mí resulta grandioso e inexplicable, aunque para los creyentes de la reencarnación, el sentimiento de simpatía entre dos seres que recién se conocen se debe a la conexión entre sus almas a causa de vidas anteriores. Interesante ¿no?
El punto es que, nos hacemos inseparables de esas personas. Conocemos de su vida, de su dolor, lloramos sus pérdidas, sonreímos sus logros, vivimos alegrías, peleas, unión, depresión, y momentos inolvidables que vamos guardando en el álbum de recuerdos que nuestra mente conserva en algún recóndito lugar. Nuestro corazón se llena de paz...
Pero no todo es felicidad, como lo decía, y lo sé. En ocasiones llegamos a un punto en el que sucede algo que lastima a ambos seres, y los hace partícipes de una discusión sin límites. Ni las propias palabras pueden ayudarnos a solucionar este conflicto. ¡Es.. complicado de explicar! Cuando algo molesta a esa persona acerca de nosotros y, la distancia y las circunstancias son factores que nos impiden arreglar el problema, es difícil no sentirse impotente.
De la noche a la mañana las cosas cambian, y nos preguntamos: ¿qué sucedió? ¿Qué cambió? Y más que nada ¿por qué? Sin embargo, no encontramos respuestas porque lo único que solemos escuchar de esa persona es "tú sabrás tus errores". Pero estudiamos nuestro comportamiento, y no encontramos algo que -según nosotros- pueda lastimar a ese ser especial. ¿Entonces?
Insistimos, cegados por el dolor de saber que podemos perder a esa persona, y lo único que logramos es distanciarnos más, si es que no lo arreglamos.
"No quiero saber nada más de ti".
Las palabras más dolorosas que he podido escuchar. Y ahí parece terminar todo. El mundo se nos viene abajo, aunque sea por un mísero segundo. Las imágenes de los momentos más bonitos llegan como un flashback lastimándonos más. La palabra "perdón" suena vacía de tanto que la hemos utilizado. El "no lo volveré a hacer" se siente como una promesa más sin validez alguna. Y el "todo estará mejor" suena a consuelo barato.
Admiro a quienes pueden arreglar conflictos, a quienes pueden comprender a los demás. Y me compadezco de quienes "no han vivido lo suficiente" como para entender al resto.
Ellos sí se han de sentir impotentes. Vivir una vida alegre, sin perjuicios y que su amigo la esté pasando mal después de tantos años de dolor, que la gota que colma el vaso de su sufrimiento sea la decepción que causa en él o ella. El no saber cómo ayudarlo porque sabe que no todo estará bien, sabe que esa persona no le creerá que después de tanto dolor vendrá la felicidad, porque simplemente no le ha llegado nunca. Y que el ingenuo que no ha vivido nada esté a su lado para apoyarlo, no es suficiente como para mantenerse vivo y continuar respirando...
Qué triste.
Impotencia, dolor e ira es lo que ha de sentir ¿no? Ser el único que conoce de su padecimiento y no poder ayudarlo, porque no ha tenido experiencias como para comprender al agonizante, al que la vida ha maltratado...
Entonces ¿qué puede hacer?
Escribí este párrafo confundida. Mis ideas se deshacen en un mar de lamentos y desesperación. No sé si concuerdan las frases, si la ortografía es correcta, si entendieron lo que quiero expresar. Pensé que después de escribir, me quitaría un peso de encima. No ha sido así. Ahora estoy más confundida y quiero responder la pregunta que yo misma me hice:
¿Qué puedo hacer?
Intento adentrarme en aquella piel y sentir el ardor de la decepción, del odio y la ira. Pero no puedo. ¿Y lo más doloroso? Estar sentada aquí, mirando a través de la ventana, esperando un milagro, porque sola no puede hacer las cosas...
Esperanzada, Esperanza.

4 jul 2012

Diario, 04/07/2012

04/07/2012
Estar inspirada en momentos tristes es... Curioso.

Hay personas que desearían no haber nacido, pues su mundo es algo... complicado. No sé si es por la suerte o el destino (sigo pensando que son dos cosas muy diferentes) pero la mayoría de cosas negativas llegan a ellos como una rutina por vivir. Y aunque digan siempre que están acostumbrados, siento que no. Aún es difícil pasar por cada cuestión sin poder rendirse.
Si se me permite... Creo que esta suerte es algo extraña. Porque siempre he pensado que después de lo malo viene algo bueno. Y cuando todo brilla, habrá una mancha que opaque aquello. Es una ley de la vida, o al menos una en mi vida. Como decía, es raro, ¿no? Porque... ¿Se puede vivir siempre en un estado anímico melancólico y tragedias al rededor? Sé que si intento responder esa pregunta me confundiré con las muchas respuestas que en estos momentos llegan a mi mente.
Pero lo diré, porque hay una sola respuesta que chispea en mí: no. No es posible vivir así todo el tiempo... 

¿Han observado el cielo nocturno? Oh, disculpen mi pregunta, hay quienes no lo han hecho. Decía que... El cielo nocturno es oscuro, pero tiene un deje de claridad que lo hace mágico, y triste a la vez. Hay noches en las que las estrellas son visibles y se ven sublimes, hermosas... Hay otras en las que no, por las espesas nubes que las tapan.
Menciono al cielo porque lo comparo con la vida gris de varios: las estrellas vienen a ser las "escasas" alegrías que siempre se asoman. Ahora, imaginemos como si la vida durara solo un día. Y quedémonos en la noche; dura bastante según el tiempo que he dado. Ese de ahí, es el momento en el que muchos nos encontramos, abatidos en un abismo que parece eterno, profundo y sin salida. Siempre será así de negro mientras se prolongue. Entonces poco a poco se asoman las estrellitas (son pequeñas en comparación al firmamento) y ante nuestra vista aparecen y desaparecen a cada momento. Pero aunque no lo queramos, están ahí siempre. Desde el crepúsculo hasta el alba. Tal vez no nos demos cuenta, será porque nos ensimismamos en cerrar los párpados que caen pesados por el sueño, el dolor... o quizás las vemos, sonreímos, y las ignoramos. No las apreciamos realmente como debería ser. Y se apagan, para nosotros. Pero lo he dicho: están ahí. Como las personas que giran en nuestro entorno, haciéndonos saber que están con nosotros, aunque no lo queramos. Es por eso que no se puede vivir siempre triste, ni en la tragedia eterna  -porque no existe.

Y finalmente llega el amanecer. Nos cuesta despertarnos, lo entiendo, pues acostumbrarse al cambio es difícil, pero el pie izquierdo cae antes que el derecho; nuestro ceño fruncido y el mal humor decorando nuestra aura. Y cada cosa que sucede en el día, es tan insoportable que la mañana parece empeorar. Bueno, así sucede en ocasiones.
La noche, la tragedia, pasó. Ha salido el sol, lo que significa, en mi mundo, que lo malo ha acabado y lo bueno viene ya. Sin embargo el día culmina como empezó, con el único deseo de agarrar la tijera y cortar el sedoso cabello café. Sin esperanzas de ver el cielo nocturno otra vez, ni el sol radiante que tan solo parece burlarse de nuestro estado...
O es lo que pensamos, porque... No es el destino, ni la suerte los que se han empeñado en traernos las cosas malas a nuestra vida, somos nosotros mismos los que pensamos cada segundo con una ceguera única e ilógica, que no nos permitimos ver las estrellitas bailar a nuestro alrededor, ni lo pintoresco que se ve el cielo a primeras horas de la mañana.
Quiero decir, somos los únicos que podemos cambiar aquello y no lo hacemos...
Porque lastima tanto, que es difícil ponerse a pensar lo que debimos haber hecho, debemos cumplir, y tendremos que hacer. No es porque seamos inmaduros, o quizás sí, pero es que... ¡es tan pesada esta carga que llevamos en los hombros! Carga de sentimientos, emociones, recuerdos, tormentos... Y lo mejor parece ser la salida fácil. Esa de pensar que somos un estorbo para el mundo, y luego, atentar con la vida que se nos brindó.
Es tentadora la idea. No requiere de mucho esfuerzo, más que de desprenderse de lo que alguna vez brilló para nosotros con la esperanza de hacernos sentir mejor.
Hoy, supongo, me encuentro en esta posición. Inestable entre la razón y la locura. Entre la espada y la pared. Y me gustaría tanto lanzarme hacia al frente para ser atravesada por esa espada y caer contra la pared, para apagar este dolor. Aun así, hay algo que mi corazón dicta...
"El dolor se irá, pero tu felicidad lo acompañará".
Con afecto, Musa.

29 jun 2012

Diario, 29/06/2012

29/06/2012
Hace un momento leía los primeros capítulos de "Sólo un minuto más" y vaya. Son tres meses ya, que no escribo esa historia. No sé, la depresión de repente desapareció. La escribía porque necesitaba desahogarme, y no es que sufriera el mismo problema que Valentina, Marcos, don José, o cualquiera que habita ese mundo de melancolías y letras llenas de dolor y alegrías. Tan solo sentía dolor, y de alguna manera tenía que dejarlo ir.
Sí, escribía cosas trágicas y complejas porque mis sentimientos me ahogaban por cosas insignificantes. Ya sabemos, la adolescencia y sus peculiaridades. A veces me gustaría no ser una adolescente por estas cosas, pero, ¡rayos!, no hago caso al pensamiento porque sé que pronto pasarán.
Como decía más arriba, esa tristeza desapareció cerca de abril... Los primeros días. Abril abrió la portada de una nueva historia, pero una que se vive hoy. Sí, siempre he dicho que las historias que se escriben se viven, también. Pero esta es en carne propia.
No diré nada más.
Sólo sé que hoy quiero llorar. Soy humana, todos somos humanos, todos cometemos errores. Pero es difícil. Es decir, experimentar los sentimientos de tus propios personajes.

Cuando escribo... Imagino lo que ellos han de sentir en las siguientes páginas. Solo cierro los ojos y mis emociones cambian, mis ojos se pueden llenar de lágrimas y mis mejillas se pueden poner pálidas, como también puedo sonreír y cantar de alegría... Es realmente fácil, al menos para mí, y sé que para mis amigos escritores también, porque ese es el don de la escritura, sentir lo que trazas con palabras y emociones que en algún lugar y tiempo, alguien ha de estar sintiendo.
Pero todo cambia cuando lo vives en carne propia.
¿Sabes? Me divierto haciendo que mis personajes se metan en problemas -aunque no siempre son tan complejos como he leído en otras historias, me da pena escribir algo así porque nunca he vivido tales emociones-, que cometan errores, que hagan sentir mal a los demás, que simplemente sean humanos. O al menos lo intento. Sin embargo, cuando soy yo la que está en su lugar, la incertidumbre de no saber cómo terminará mi día, mi historia, me molesta demasiado, especialmente porque soy impaciente y... temerosa.
El miedo es realmente doloroso. Porque sé que esta es una historia que yo puedo manipular, pero no como lo hago siempre al escribir. Yo no puedo borrar las palabras, tampoco cambiar los sentimientos y consolar al dolido personaje principal. No soy yo quien maneja sus pensamientos ni su forma de ser. Y eso es lo doloroso. Porque el miedo de perder algo o alguien es inmenso, ¿y qué si las cosas quedan así? ¿Y si no logro arreglar mis errores? ¿Y si sus pensamientos no cambian? ¿Y si debí haber hecho lo contrario? ¿Y si...?
Son muchas preguntas, realmente. Mi cabeza está hecha un lío ahora mismo.
Sin embargo, solo puedo cambiar a una sola persona: yo. Porque soy yo la que vive ahora mismo, soy yo la que está pensando esto antes de escribrirlo, soy yo la que siente esto, y soy yo la dueña de mis decisiones. Aun así, me siento impotente, porque no siento fuerzas, porque estoy débil, porque no confío en mí misma: siento que cualquier cosa que haga no servirá.
Pienso en esto y me digo: estás actuando como una estúpida.
Pero ya siento que los sentimientos están cada vez más pesados y no puedo cargar con todos ellos. Sé que las otras personas tampoco pueden, pero lo hacen, y es por eso que no encuentro una solución a esto. Intento descifrar lo que vendrá a continuación, cuando la página del libro dé la vuelta. El futuro puede ser tan impredecible, asombroso y tenebroso.
Y... El tiempo se vuelve tan largo cuando estoy así. Las horas pasan realmente lento... Y el ardor continúa, cada vez más fuerte. Supongo que eso es lo interesante en la historia. Siempre es así cuando leo lo que escriben, lo que escribo. Quisiera saber qué seguirá, estoy impaciente. Pero no puedo, y eso es tan molesto. Quiero comprender esto, pensar bien las cosas y hacer lo correcto. Eso es lo que hace el personaje principal siempre, ¿no? Termina haciendo lo correcto, aunque los demás no lo quieran admitir.
Hay... hay personas que ven esta historia, no la leen, pero son partícipes de ella, y son quienes dan su criterio, quienes comentan "oh, pero qué ingenua", "¡ten orgullo!", "¡es tan adorable!", "te apoyo...". Pero sus pensamientos me confunden más. Porque aquí, las emociones cambian a cada rato. Turbulencias de anhelos, lágrimas, sonrisas, me marean. Y me debilitan. Aquí es cuando dan ganas de arrancarse los cabellos y gritar para que todo se calme. Permíteme, Valentina, comprenderte.
Pero, soy fuerte. Lo soy y es por ello que seguiré, porque quiero ser el personaje principal que continúe para saber lo que vendrá en el siguiente capítulo.
Tal vez le pueda llamar a esto masoquismo. Pero me gusta pensar que son las fuerzas que vienen de golpe.
Ahora, mi duda: ¿soy yo, o el destino quien escribe este cuento?
Lo estoy sintiendo, así que lo estoy narrando en primera persona. Y cuando los demás vislumbran mi historia ¿será el destino que la escribe en tercera persona?
Creo que ahora sé lo confundidos que han de estar mis personajes, y los personajes de muchos artistas. La única diferencia entre nosotros es que ellos viven en mi mundo, yo vivo en la realidad.
Queda decir que...
Una cosa es escribrilo, otra... sentirlo.
Sigue doliendo esto, y sé que no es el mismo dolor que se siente al perder a un ser querido o cuando discutimos con alguien. Cada sufrimiento es diferente. Pero todo sufrimiento se supera, a base de esfuerzo, ganas y... fe.
Musa hasta aquí llega, por ahora. Ella aún no ha despertado del todo, pero lo está haciendo, y para mí es una alegría.
Con afecto, Esperanza.

27 jun 2012

Cambios...


Habrán cosas que nunca cambiarán. Cosas que deseamos, anhelamos, soñamos que sean como nosotros queremos y que... simplemente no lo serán. Impotencia, molestia, y algún sentimiento más que ahora no logro recordar es lo que nos hostiga en esos momentos, momentos que quisiéramos que terminaran, pero que el destino se empeña en alargar... ¿Y nosotros? Algunos callamos aquello, guardamos lo que sentimos y nos consumimos por dentro. Condenados a silenciar lo que pensamos por temor a perder este dolor, con el miedo de que si cambia duela más, porque no imaginamos otra cosa más que el sufrimiento... Otros lo dicen. Son, quizás, más valientes. Reclaman ese cambio sin importar las consecuencias, pero con ese miedo ardiente -de no estar haciendo las cosas bien- que muy pocas veces demuestran...

Hoy lo pensé. Ayer también y sé que mañana lo haré. Y no me canso de buscar la salida a esto. No sé si seguir siendo la que calla o mantenerme como la que habla. Comprendo que... este sentimiento me atrae, que soy lo que soy: masoquista. Y admito que siento miedo, miedo de que el curso de las cosas cambie tan drásticamente que no pueda soportarlo más... Pero no puedo quedarme estancada. No aquí. Hay dos caminos, una sola decisión, y muy poco tiempo... Y yo ya decidí.

13 may 2012

Dear. Mom


«Aunque te he lastimado con mis malas decisiones
Tú en silencio me cuidas desde la distancia
Piensas que soy joven, aún una niña inocente
Lo pienso y hasta ahora entiendo
El significado de tus oraciones en silencio»
Ella...
Nació un 31 de marzo, en los brazos de una bonita familia que a partir de ese día fue más que feliz. Después de esos años en la que su figura paterna solo permanecía en sus corazones y en la fotografía familiar, se unió mucho más al ser que le dio la vida... Y creció.
Ambas vivieron contentas por más de cuarenta y cinco años... Solas pero unidas por un gran amor. Sin embargo, aquel ser que le daba fuerzas... dejó este mundo.
Ella no lo creía. Sus ojos solo se habían cerrado, estaba segura; ella despertaría, lo sabía; ¿por qué la metían en aquel cofre? Ella tenía mucho por recorrer..., susurró...
Pero la pesadilla se tornó real, y su mundo se vino abajo. Los días soleados ya no tenían color, las risas de los demás eran un recordatorio de la felicidad que había perdido y sus fuerzas habían decaído con demasía...
Todo era más que gris...
Y un día el sol salió... Su sol. Los pequeños ojos de la niña se abrieron ante el mundo que la rodeaba, y ella volvió a sonreír, una sonrisa sincera y cargada del amor que había perdido hace algún tiempo. La princesita en sus brazos emitió una risilla y sus esperanzas volvieron...
Ya son quince años... casi dieciséis desde que mis ojos vieron por primera vez los tuyos, y no me canso de expresarte el sentimiento que tengo por ti, mamá.
Porque eres lo más hermoso en esta vida. Porque sin ti yo no fuera nadie... Eres quien me brindó esta vida de sueños y canciones, eres quien llora mis desgracias y celebra mis victorias. Me apoyas siempre y estás para mí más en las malas que en las buenas.
Y yo te admiro, porque nadie tiene tanta fuerza y valentía como tú. Porque a pesar de la sociedad, sigues adelante teniéndome a mí pisando tus talones. Sonríes cuando no quieres hacerlo y te pones seria cuando más abrazos me quieres dar. Sé que te duele retarme por las locuras que hago sin pensar, y mil palabras no son suficientes para pedirte perdón por el daño que mis acciones te han llegado a hacer, pero tú sabes, madre, que te amo.

«Soy demasiado tímida para decirlo claramente pero
Mamá yo realmente te amo»
Con cariño, Musa.

10 may 2012

Por favor...

Impotencia.. Ira. ¡Rayos! No pido que me lances a la aterradora carretera, pero tampoco quiero que sostengas mi mano todo el tiempo. Suelta la presión y déjame caminar. No hay nada malo allá al otro lado. Solo una espantosa sociedad.

Oye... Tú la ves todos los días, no temas por mí siempre. Tú no has tenido suerte de ricos o todo el aprecio de ellos... Y quizás yo tampoco. Pero por favor, déjame romper la burbuja y ver el mundo por como es.
Ya tengo miedo de mi suerte, pero de nada me sirve guardar y no arriesgar lo poco que he aprendido en este camino que tengo que cruzar y que tú ya recorriste.
Recuerda que lo que para ti, aterra y lastima, para mí es una aventura. Y yo no quiero empezar a ver las cosas como tú lo estás haciendo por mí, porque créeme, va a doler más.
Solo... Confía. Y deja que la pequeña mariposa vuele, así sea 10 centímetros, porque ella será feliz.