29 abr. 2013

Psicóloga sin respuestas.

Han pasado cinco minutos desde que vi el reloj por primera vez en esta extraña mañana.
Estoy escribiendo desde el laboratorio clínico en el que estoy practicando, y tengo un ánimo tan triste como el movimiento circular del ventilador de la sala. Todos aquí estamos tensos, cada quien con sus problemas. Y no es que los míos sean tan graves, pero estoy volviendo a sentir que voy a explotar.
Hace algún tiempo atrás había decidido que estudiaría psicología clínica. Me interesa bastante y -dicen algunos por ahí- tengo el don para "ayudar", pero la verdad es que ya no estoy tan segura como antes. A veces tengo este debate conmigo misma sobre si hablar o escuchar; asentir o negar. Sí, sigue siendo tan complejo... Y al final termino sufriendo por lo que he escuchado porque simplemente no sé cómo resolver el problema.
Mi madre suele decir: "los psicólogos resuelven los problemas del resto, pero ni saben cómo solucionar los suyos propios"; y confieso que es verdad. Estoy rodeada de algunos psicólogos y es triste su panorama.
Suelo creer que debería dejar libres muchos pensamientos para no sentirme tan saturada como ahora y poder cavilar mis opciones, y sólo hay un lugar para hacerlo: mi diario.
Estoy mirando el ventilador algo mareada por el calor y por el sonido de los papeles rompiéndose, pero en esta pequeña sala me encuentro feliz porque me interesa bastante lo que hago. Descuiden, este es mi tiempo libre.
Espero que tengan buenas tardes y un bonito fin de mes.
Con cariño, Esperanza.

7 abr. 2013

"Pidió una hamburguesa, dos helados y cinco chocolates"

Hola. :)
Hoy tengo la leve corazonada de que la inspiración va a regresar a mí (no creo que "corazonada" sea el término que deba usar para describirlo). Sucede que el día está oscuro, hay viento y huele a tierra húmeda, lo cual es perfecto para escribir (al menos para mí).
Sin embargo, antes de empezar a re-leer las historias y corregirlas, tengo algo que comentar aquí. Primero debo aclarar que me gusta mucho conversar y que me agrada conocer a las personas y sus historias mediante ellos y no por terceros. Pero por desgracia, no siempre tendemos a escuchar sus verdades a través de sus labios, sino de estas otras personas que no tienen algo interesante que hacer con su vida y se ponen a inventar muchas más cosas que los asiáticos y alemanes juntos (claro que estas cosas no tienen ni oficio ni beneficio, como dice mi madre).
Últimamente he estado escuchando chismes que incluyen a mi gente, y como es de esperar, no me simpatizan en nada porque simplemente son cosas que ni siquiera yo estoy enterada de que han sucedido, y es que nada de eso es cierto. Lo que me parece irónico es la forma en que lo dicen, ¡como si ellos hubieran estado en el momento exacto que ocurrió! Dios, esa imaginación que le das a esas personas para inventar chismes dámela a mí para escribir más historias. Me entristece que esto ocurra, porque sé que no soy la única que ha estado implicada en este tipo de cosas, y se siente tan desagradable.
Pero después de haberme molestado decidí dejarle de tomar importancia y hacer oídos sordos. Sé de ante mano que las víctimas de estos chismes tienen la conciencia limpia y yo también y eso me basta para seguir adelante.
Aun así, eso no significa que tengan el derecho de inventar y exagerar lo que se percibe de cada persona.
Esperanza.

PD: Disculpen que el título tenga que ver con comida, ¡pero qué exageración! Yo nunca pediría tanto.

2 abr. 2013

Por la comodidad del humano.

I'm on a highway to hell... *aparece Hope bailando*
Hola, mundo.
No, no vengo feliz. Por más
que ande bailando por la casa y cantando graciosamente, en realidad estoy triste y ofuscada, pero más que nada molesta. Sucede que mi señora madre trabaja fuera de la ciudad y ya que no podía quedarme sola en casa decidí acompañarla. Tenía planeado que fuera un bonito día y lo que se deriva de ello, sin embargo hasta ahora mi mañana ha sido catastrófica.
Fuimos a almorzar a uno de esos restaurantes que hacen quedar muy bien a la ciudad por su excelente gastronomía, y todo iba bien hasta que vi a una perrita (de uno o dos años) maltratada y hambrienta merodeando por el lugar. Sé que hay millones de animalitos así por las calles y es lo que más me duele, pero continuando con mi relato, yo no podía comer por el nudo en la garganta al verla y pensar en los tantos seres que existen y que no tienen un cálido hogar o alimento, por lo menos, y no voy a negar que se me rodaron las lágrimas, porque sí es cierto que soy llorona. El señor que nos sirvió vino y espantó a la perrita, enojándome, y como no soy de las que se quedan calladas, cuando se acercó a la mesa a retirar algunos platos diciendo: "Con permiso, voy a retirar esto. ¡Oh!, es que uno tiene que pedir permiso y ser cordial con sus clientes", le respondí: "Y así como tratan a los humanos deberían tratar a los animales". Mi madre sonrió ante mi respuesta apoyándome, pero el susodicho se había ido haciéndose el sordo. Mi madre es como yo en ese sentido, entonces me dijo: "Ve, ponle en una servilleta algo de tu comida y déjale para cuando regrese", y así lo hice. Se me alivió tanto el corazón al verla venir hacia mí en busca de su comida del día, pero entonces este hombre regresó a botarla del lugar. Mi madre le reclamó y él se excusó con que "los clientes se molestan con los animales que merodean los restaurantes". ¡Dios!, ¡y los rayos de Thor! ¡Como si los animales no tuvieran el mismo derecho de nosotros de compartir este espacio y alimento!
Juro que me lleva Hades, pero de las iras. En cualquier teoría, ¡en cualquier libro!, los animales siempre vivieron aquí antes de que nuestra perversa mente se desarrollara convirtiéndonos en "superiores", y así, ¡y así les quitamos el pinche derecho a vivir en paz! No pues, no me entristezcan con esta noticia, con razón Aurora quiere desaparecer a tanta basura que hay en el planeta.
No con esto quiero decir que todos tengan animales y se obliguen a quererlos, porque comprendo que a todos no les gustan los animales, como a mí no me gustan todos los humanos, pero al menos demuestren un poco de respeto y cordialidad por la vida, más bien ¡equidad!
Es que por Jashin..., si miraran sus ojitos, su triste cuerpo desnutrido y golpeado, su colita siempre moviéndose y su corazón latiendo a la espera de una caricia, de una amable mirada que les alimente el alma, comprenderían a lo que me refiero... Sí, me comprenderían muy bien.
De pequeña me enseñaron que nos llamamos seres humanos por eso, por nuestros sentimientos, nuestros valores, nuestro humilde corazón, pero los miro al rostro y me pregunto: ¿eso es lo que realmente somos? Yo no quiero ser así. Agradezco a Dios por haberme hecho así, no perfecta ni bonita, pero sí con un corazón amable para con todos los animales y plantas, ancianos y bebés. O más bien para las almas humildes y nobles, para quienes lo merecen. Y agradezco también por la suerte que tienen mis gatos de vivir en paz conmigo y por esas personas que respetan la vida de todos.
Esperanza.