4 jul. 2012

Diario, 04/07/2012

04/07/2012
Estar inspirada en momentos tristes es... Curioso.

Hay personas que desearían no haber nacido, pues su mundo es algo... complicado. No sé si es por la suerte o el destino (sigo pensando que son dos cosas muy diferentes) pero la mayoría de cosas negativas llegan a ellos como una rutina por vivir. Y aunque digan siempre que están acostumbrados, siento que no. Aún es difícil pasar por cada cuestión sin poder rendirse.
Si se me permite... Creo que esta suerte es algo extraña. Porque siempre he pensado que después de lo malo viene algo bueno. Y cuando todo brilla, habrá una mancha que opaque aquello. Es una ley de la vida, o al menos una en mi vida. Como decía, es raro, ¿no? Porque... ¿Se puede vivir siempre en un estado anímico melancólico y tragedias al rededor? Sé que si intento responder esa pregunta me confundiré con las muchas respuestas que en estos momentos llegan a mi mente.
Pero lo diré, porque hay una sola respuesta que chispea en mí: no. No es posible vivir así todo el tiempo... 

¿Han observado el cielo nocturno? Oh, disculpen mi pregunta, hay quienes no lo han hecho. Decía que... El cielo nocturno es oscuro, pero tiene un deje de claridad que lo hace mágico, y triste a la vez. Hay noches en las que las estrellas son visibles y se ven sublimes, hermosas... Hay otras en las que no, por las espesas nubes que las tapan.
Menciono al cielo porque lo comparo con la vida gris de varios: las estrellas vienen a ser las "escasas" alegrías que siempre se asoman. Ahora, imaginemos como si la vida durara solo un día. Y quedémonos en la noche; dura bastante según el tiempo que he dado. Ese de ahí, es el momento en el que muchos nos encontramos, abatidos en un abismo que parece eterno, profundo y sin salida. Siempre será así de negro mientras se prolongue. Entonces poco a poco se asoman las estrellitas (son pequeñas en comparación al firmamento) y ante nuestra vista aparecen y desaparecen a cada momento. Pero aunque no lo queramos, están ahí siempre. Desde el crepúsculo hasta el alba. Tal vez no nos demos cuenta, será porque nos ensimismamos en cerrar los párpados que caen pesados por el sueño, el dolor... o quizás las vemos, sonreímos, y las ignoramos. No las apreciamos realmente como debería ser. Y se apagan, para nosotros. Pero lo he dicho: están ahí. Como las personas que giran en nuestro entorno, haciéndonos saber que están con nosotros, aunque no lo queramos. Es por eso que no se puede vivir siempre triste, ni en la tragedia eterna  -porque no existe.

Y finalmente llega el amanecer. Nos cuesta despertarnos, lo entiendo, pues acostumbrarse al cambio es difícil, pero el pie izquierdo cae antes que el derecho; nuestro ceño fruncido y el mal humor decorando nuestra aura. Y cada cosa que sucede en el día, es tan insoportable que la mañana parece empeorar. Bueno, así sucede en ocasiones.
La noche, la tragedia, pasó. Ha salido el sol, lo que significa, en mi mundo, que lo malo ha acabado y lo bueno viene ya. Sin embargo el día culmina como empezó, con el único deseo de agarrar la tijera y cortar el sedoso cabello café. Sin esperanzas de ver el cielo nocturno otra vez, ni el sol radiante que tan solo parece burlarse de nuestro estado...
O es lo que pensamos, porque... No es el destino, ni la suerte los que se han empeñado en traernos las cosas malas a nuestra vida, somos nosotros mismos los que pensamos cada segundo con una ceguera única e ilógica, que no nos permitimos ver las estrellitas bailar a nuestro alrededor, ni lo pintoresco que se ve el cielo a primeras horas de la mañana.
Quiero decir, somos los únicos que podemos cambiar aquello y no lo hacemos...
Porque lastima tanto, que es difícil ponerse a pensar lo que debimos haber hecho, debemos cumplir, y tendremos que hacer. No es porque seamos inmaduros, o quizás sí, pero es que... ¡es tan pesada esta carga que llevamos en los hombros! Carga de sentimientos, emociones, recuerdos, tormentos... Y lo mejor parece ser la salida fácil. Esa de pensar que somos un estorbo para el mundo, y luego, atentar con la vida que se nos brindó.
Es tentadora la idea. No requiere de mucho esfuerzo, más que de desprenderse de lo que alguna vez brilló para nosotros con la esperanza de hacernos sentir mejor.
Hoy, supongo, me encuentro en esta posición. Inestable entre la razón y la locura. Entre la espada y la pared. Y me gustaría tanto lanzarme hacia al frente para ser atravesada por esa espada y caer contra la pared, para apagar este dolor. Aun así, hay algo que mi corazón dicta...
"El dolor se irá, pero tu felicidad lo acompañará".
Con afecto, Musa.