20 jul. 2014

Más triste que cualquiera.

He aquí la de los ojos tristes, cansada de esta fachada tan patética.
Pensaba en la melancolía que inunda este ser y me daba cuenta de que no hay quien sea merecedor de su firma en mis consecuencias. Tal vez partícipes, sí, pero no dueños.
Entonces me preguntaba: ¿a quién tengo que escribirle para calmar esta sensación, ahora que sé aquello? ¿A quién tengo que mirar a los ojos para traspasar su alma y encontrar respuestas?
¿A quién?
Y me di cuenta que sólo yo podía responderme.
Entonces a mí tenía que hacerme tantas preguntas. A mí tenía que mirar a los ojos para encontrar respuestas.
El problema era que, al mirar mi reflejo en el espejo, éste parecía opacarse.
Y ahí me quedé, estancada en la oscuridad, sin saber de nuevo a quién escribirle.
Esperanza.

15 jul. 2014

Declaración anónima.

Incluso de mis ausencias eres dueño.
No es necesario tener tu nombre tatuado en mis pensamientos para saber que cada suspiro mío susurra el deseo de tenerte aquí a mi lado.
Pero tengo miedo de que me quieras y que pase lo que pasa después de que dos almas se prometen amor.
Tengo miedo de que dure los segundos que dura el primer beso y entonces, después de la primera luna de miel, todo se torne en triste monotonía.
Por eso prefiero que estés así: sin mirarme; sin quererme; sin pensarme.
Creo que más temo perderme a mí misma y con ello, perderte a ti.
Pero para eso hay cura, dicen, y esa es la de nunca tenerte pero siempre quererte.
Te quiero como se quieren los minutos que no esperamos que pasen.
Es decir, te anhelo y le hago honor al propósito del deseo; el de aferrarme siempre a tu ausencia.
Si me preguntas cómo le hago para vivir así, comprende mi silencio: yo también espero respuestas.
Y si no preguntas, comprenderé. No puedo exigirle nada a alguien que olvidó mi existencia o que tal vez nunca la reconoció.
Esperanza.

Última carta.

Entonces entendí.
Comprendí que no te debía nada y que mi dolor era eso, mío y de nadie más. Entonces ¿por qué?
¿Por qué te lo mostré?
¿Por qué desnudé mi alma ante ti si lo único que te interesaba era desnudarme la piel?
Pero pasó y yo aprendí que no era de mí de quien debía huir. No era de mí de quien debía estar decepcionada porque..., después de todo, fue una lección y las lecciones son para superar.
No te digo que te libero porque siempre fuiste libre, hiciste lo que quisiste y me dejaste ser.
La que se obstaculizó y encadenó fui yo, pero lo que haya hecho después para arreglarlo no es de tu incumbencia. Es más, nada de lo que te escribo lo es; después de todo, son quejas y vos ni por pena te interesas.
Esto no es un nosotros. Nunca lo fue.
Los besos fueron de dos, con sabor a ti. Los silencios fueron sólo míos, intentando acoplarnos a la nada. Pero gracias. Disfruté las caricias y la euforia pasajera.
Si me pides una metáfora, el tren ya va a partir, así que me despido. No me llevo nada tuyo y, si me es posible, dejaré el recuerdo en el primer paisaje que vea.
Si algún día recuerdo su ubicación, vendrá tu nombre a mi mente. Y si no pues, adiós..., mi olvidable amorío pasajero.
Libre por siempre, la esperanza.

8 jul. 2014

Sutil advertencia.

No cortes mis alas, por favor, si ya me es difícil extenderlas.
Quiero estar contigo y tenerlas pues, a parte de mi corazón, es lo único que me queda.
No dejes que caiga pero tampoco me sostengas.
No me exijas.
Yo voy poco a poco y si a ti te gusta ir rápido,
te quedarás a la tercera vuelta cuando yo esté todavía disfrutando de la primera.
Ser tu amante es difícil. Ser tu amada no es una obligación.
Tienes todo el derecho y libertad de pensarme y quererme como tú quieras.
Yo no soy exigente.
¿Pero por qué tú sí?
No me perderás, entiéndelo.
Yo estaré aquí esperándote con los brazos abiertos aunque tenga los ojos entristecidos por el tiempo.
No olvides que soy humana también.
Pero..., si desesperas, harás que me pierda.
Y cuando me haya perdido será realmente difícil para ti volver a encontrarme.
Y entonces no será un amor fortalecido por el tiempo, sino roto por la premura...
Y entonces..., ya no habrán alas, ya no habrá corazón, ya no habrá nada.
Esperanza.