26 nov. 2013

Celeste sereno.

Hace un rato me estaba preguntando -mientras miraba la ventana- ¿por qué cuando el cielo se pone tan blanco (antes de llover) decimos que está "oscuro"? Es decir, está más claro que nunca...
Pero no, el color del cielo no representa la intensidad del sol, como las sonrisas no representan el fuero interno de cada uno, ni sus pisadas en la arena...
He estado observando a unas cuantas personas en el transcurso del día, sólo para disfrutar de sus distintas personalidades. 
Si digo que no he ganado nada al hacerlo, estaría mintiendo.
Y me percaté de que cada uno sonríe con la picardía del otro y conversan tan amenamente que es difícil saber si realmente lo que expresan es lo que los embarga. Y lo digo así porque soy ignorante al estudio del ocultismo de sentimientos; no soy el tipo de persona que con una sonrisa lo tapa todo. Como decía, entre miradas y miradas no encontré más que malos intentos de llenar vacíos con tontas escenas que deberían ser eliminadas de la película de sus vidas pues..., ya saben: el relleno sólo desespera y estorba.
Yo pensaba mientras los veía que, quizá, sus problemas no son tan grandes y saben apartar las cosas inútiles de las verdaderamente importantes. O tal vez son personas que entienden la diferencia entre ser fuerte -mientras sufren en silencio- y hacer dramas innecesarios.
Personalmente, no comprendo la diferencia entre ambas. Estoy tan confundida y suelo pensar que ser fuerte es compartir tu dolor con alguien y mantenerte en pie, buscando salidas a los problemas (pero soy una persona realmente dramática a la que no le cabe en la cabeza nada cuando la adversidad acecha su ser).
Estas personas a las que estuve mirando son tan normales como yo, y no menos o más especiales. Tan sólo son personas de las que me gustaría escribir un libro por cada vez que se descuidan y dejan abiertas las ventanas de sus almas. Pero gracias a ellos descubrí algo impresionante y que tal vez muchos se han dado cuenta antes... El color del cielo no representa necesariamente la intensidad del sol, pero sí las distancias entre este y el eje en el que estamos.
Es como la distancia entre la sencillez de una sonrisa con la melancolía de una mirada. No me parece algo hipócrita de quien lo haga, pues en ocasiones es difícil hacer que nuestros gestos alcancen nuestros ojos. Y es que pareciera que tuvieran vida propia.
Los ojos... Cómo quisiera poder descifrar lo que cada uno de ellos quiere gritar. A las personas nos encanta opacarlos para que nadie revele nuestros cientos y cientos de secretos, y camuflarlos con la perfecta solemnidad de una sonrisa. Pero lo que no solemos ver es que el vidrio que separa el interior del exterior sólo tiene cortinas para el que pasa por su lado sin mirar. Para los que nos fijamos en el tesoro que guardan, no hay nada.
Somos un peligro...
Estoy inspirada en la manera en la que no quisiera estar: no encuentro una melancolía específica para quedarme callada mirando por el balcón. Pero la tristeza es abstracta y en casos como este, no necesita razones para quedarse.
Y sí, el cielo se ve celeste sereno, pero acá adentro está oscuro.
Bless U.

Remolinos en el cabello

Hola mundo.
Bonita tarde la de hoy. No se ve para nada el sol y está tan calmado que dormir sería un pecado.
Vengo este día con ganas de hablar de alguien... Pero no de la manera en que se suele pensar. Sucede que este «alguien» no es de este mundo precisamente pero tampoco diré nombres (ya, claro).
El cielo de este momento se podría comparar con la tonalidad de su piel y lo nublada que se pone mi mente cuando recuerdo el contorno de sus ojos. No es el ser más apuesto del universo pero tampoco es el más ingrato de todos..., bueno sí. Es algo ingrato, y tan estúpido que deja a los demás estupefactos (¿hay relación directa entre estas palabras?)
Y yo estoy diciendo tonterías...
No sé qué podría decir de este «alguien», pues no lo conozco de verdad y no he tenido la oportunidad; pero -y muy sorprendente, se podría decir- no le quiero conocer. Me da miedo pensar que toda ilusión detalladamente creada en mi cerebro se podría arruinar al escuchar unas palabras de sus simples labios.
Tampoco sé cuál es el sentido de escribir todo esto... quizás es por si algún día lo llegara a leer (lo cual dudo con el alma), pero si es así, «alguien»: debes saber que no existe armonía entre tu existencia y la mía y es por eso que nunca podrás rozar esta piel, sin embargo, eres la conmoción que he estado necesitando estos últimos tiempos para mantenerme en pie.
Gracias.

4 nov. 2013

Ausencia de colores.

Hola, mundo mío.
Aquí llego yo como ha llegado noviembre para mí: sin aviso y sin novedades.
Estos últimos tiempos han sido algo complicados para este corazón, y no es que esté reviviendo experiencias pasadas, sino que las decisiones que la vida empieza a poner en mi camino se van complicando como los niveles de un video game. Quizá son cosas sin relevancia para el resto del universo pero para mí, en mi aparentemente pequeño mundo, son cosas que han de marcar mis páginas hasta el último pedazo de papel que me quede.
Y es que hay adultos -y adolescentes mismos- que me dicen: cálmate, no puede salir mal. No, bueno... Sé que no es el fin del mundo pero fuera extraordinario que alguien pudiera controlar al neurotransmisor que hace sudar mis manos y latir fuertemente a mi corazón.
He de ser sincera: como todo el tiempo, estoy haciendo tormentas en mi deliciosa bebida de chocolate, pero mi manera de ver las cosas se debate entre lo infantil y lo maduro. Por lo que he oído, es más fácil equivocarse ahora que uno es joven que después, cuando las decisiones se ven agotadas con el surgir de las arrugas. En realidad, creo que lo más difícil es vivir ahora sin pensar en el futuro (si es que nuestro dogma es que el destino lo escribimos nosotros mismos). Y es que a diario suceden tantas cosas de las que uno tiene que asumir parte y que hacen que vayan disminuyendo las horas del té y los sueños en vainilla. Pero entonces recuerdo que la esperanza en mí no se ha extinguido y que a penas llevo 17 años en este mundo lleno de novedades y de magia escondida en el césped sin cortar o en las mariposas que aún no salen del capullo. Y es ahí, en ese preciso momento, que siento las ganas de volar, correr y reír.
Y es justamente en ese momento cuando regreso aquí.
La inspiración sigue ahí afuera de mi ventana, en forma de gotas de lluvia queriendo rodar por mi piel y bañarme en sueños. Pero la imaginación se ha convertido en una amiga pasajera que se ha olvidado de nuestras citas entre sueños y de nuestros encuentros en clases. Si alguien la ha visto, dígale que la extraño y que el tesoro que había plasmado en mi cuaderno no es mío, sino un tributo a su existencia.
Con cariño, Esperanza.