12 mar. 2016

La balanza.

Estar en una relación no es nada fácil. Todos llegamos a ilusionarnos con la feliz idea de los hermosos sentimientos que nos provoca la otra persona, y lo maravilloso que es pasarla a su lado y saber más sobre él o ella. Pero después de nueve meses de conocerse, todavía no somos capaces de atisbar todo lo que esa persona piensa, siente o más importante aún, es.
Como seres humanos, somos tan distintos e inmensos en nuestro interior que ni a nuestra propia palma de la mano la conocemos en su totalidad. Literalmente somos universos contenidos en un cuerpo dado por la naturaleza. Somos inmensos y pequeños a la vez.
Pero que no se nos suba a la cabeza...
Entonces, ya establecida esta parte sobre nosotros mismos como seres individuales, viene la parte en la que dos personas se complementan como uno. Y no necesariamente será el matrimonio porque no siempre nuestra otra mitad está representada en la persona con la que nos casaremos. Están los hermanos, los padres, los amigos, ¡están todos los demás!
Pero en este caso sí hablaré sobre ese ser del que nos enamoramos. 
Después de poner los sentimientos sobre la mesa y decidir ser una pareja, el camino no termina ahí. Al inicio tiende a ser mucha adrenalina y algo de timidez porque aún somos dos desconocidos caminando hacia una aventura que es el amor, pero al pasar el tiempo, vamos revelando nuestra esencia y lo que conlleva convivir con el otro. Entonces aparecen los desacuerdos y las contrariedades; después de todo, somos mundos distintos. Dar por sentado que sabemos todo de la otra persona resulta inútil si queremos vivir en armonía.
Y he aquí por qué me parecen interesante las relaciones amorosas: incluso habiendo pasado diez años, cada día descubriremos algo nuevo de ese ser. Por lo que nos tocará decidir, si deseamos seguir con él o ella, o si dejarlo. 
~Seguir con esa persona a pesar de haber visto el lado que menos nos gusta requiere de sacrificio y de callar una parte de nosotros que está en desacuerdo para poder complementarse, porque tengo la teoría de que no somos 1 + 1 = 11, sino 1 + 1 = 2. Sé que parece absurda la representación, pero en mi mente no es así. Lo planteo de esta manera: si fuéramos como el primer ejemplo, nos mantendríamos intactos al inicio y al final del camino, solo unidos a alguien más (un igual no tan igual). Pero no. Somos como el segundo ejemplo, porque al unirnos a ese ser (¡por Dios que no hablo necesariamente de matrimonio!), cambiamos nuestra estructura para acoplarnos. El dos en nada se parece al uno de la sumatoria, porque tampoco nosotros nos pareceremos al que fuimos en un inicio. ¿Y por qué? La respuesta está entre una de estas líneas: sacrificio. En el momento que decidimos seguir en pie con la persona amada a pesar de sus errores y defectos, sin escatimar aquello que no conocíamos y que hoy nos muestra la realidad de la imperfección, nos hemos entregado a la metamorfosis del uno por el dos.
Y es ahí cuando decimos que un amor nos dejó marcados...
Pero sacrificarse es de valientes, porque no es <<darlo todo y no esperar nada a cambio>>. ¡Claro que esperamos algo a cambio!, y es lo menos egoísta del mundo: ser comprendidos, ser escuchados, ser transparentes hacia el otro. ¿Pero cómo? He aquí mi percepción: sincerando nuestros sentimientos; algo así como: "acepto esta parte de ti, pero entiende cómo me hace sentir", porque sino, ¿de qué sirve amarse tanto si no se puede ser franco cuando lo amerita?, ¿de qué sirve guardar una herida tan peligrosa que pueda agrietar las bases de la relación? Además, siendo honestos con la otra persona, le damos la libertad de poner en la balanza lo bueno y lo malo, y así él o ella estará en el derecho de hacer lo mismo con nosotros. Es, a lo que yo llamo, complementarse. Una decisión de sabios, pero como digo, que sólo los valientes pueden escoger.
Algo así como ser agua y semillas de cafetos y convertirse en café.
~Por otra parte, podemos dejar a esa persona. Si no me gusta cómo me hace sentir esa parte de él o ella, simplemente tomo mi camino y no insisto más. Sigo siendo el uno del inicio, con la disposición de encontrar a otro uno y, unirme en un once o, metamorfosearme en un dos. Eso depende de cada quién.
El punto es que, estar en una relación no es fácil. Es dejar nuestra zona de confort y mudarnos a otra; es cambiar la rutina y aventurarnos a cosas nuevas; es enfrentarnos a situaciones desconocidas y salir vivos de ellas; es conocer y aceptar, respetar y comprender, pero más que todo: nunca desistir. Porque somos dos mundos uniéndose, y de esa colisión, tal vez dolorosa, tal vez hiriente, siempre se puede sacar algo bueno.
Esperanza.