20 jul 2014

Más triste que cualquiera.

He aquí la de los ojos tristes, cansada de esta fachada tan patética.
Pensaba en la melancolía que inunda este ser y me daba cuenta de que no hay quien sea merecedor de su firma en mis consecuencias. Tal vez partícipes, sí, pero no dueños.
Entonces me preguntaba: ¿a quién tengo que escribirle para calmar esta sensación, ahora que sé aquello? ¿A quién tengo que mirar a los ojos para traspasar su alma y encontrar respuestas?
¿A quién?
Y me di cuenta que sólo yo podía responderme.
Entonces a mí tenía que hacerme tantas preguntas. A mí tenía que mirar a los ojos para encontrar respuestas.
El problema era que, al mirar mi reflejo en el espejo, éste parecía opacarse.
Y ahí me quedé, estancada en la oscuridad, sin saber de nuevo a quién escribirle.
Esperanza.

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