15 ene 2017

Entre gatos y libros.

Dicen que el 2017 es un nuevo año para hacer las cosas bien y que la prosperidad viene garantizada por las estrellas, el destino o lo que sea que lo garantice.
Digamos que empecé bien el año, digamos que tengo esa esperanza de que sea uno muy bueno, digamos que he iniciado mi camino del desprendimiento.
Digamos, simplemente, que es un buen año.
Entre gatos y libros me di cuenta de que muchas veces cursé el camino equivocado (para mí, porque para el resto era adecuado) simplemente porque tenía miedo al que me pertenecía. Soy distinta al resto y cada uno de ellos, los que conforman el resto, son distintos a los demás y a mí. Por lo tanto, ¿qué hacía recorriendo un sendero que no era para mí? ¿Qué hacía caminando cuando mi cualidad era volar? Era como la anécdota esa del pez que intenta trepar un árbol; ante los ojos de los demás, es obvio que el pez pertenece al agua, pero al pez le han enseñado que tiene que trepar el árbol como el resto.
Cuando estamos dentro de la burbuja, somos incapaces de ver nuestras capacidades y solo vemos nuestras limitaciones; los de afuera pueden verlo claramente, simplemente deciden no decirnos porque ellos también viven en burbujas y creen que eso está bien. ¿Por qué? Porque así hemos sido enseñados.
Yo rompí mi burbuja y me caí, y aún sigo cayendo, pero bueno, dije que mi especialidad es volar así que una y otra vez lo intentaré hasta que logre abrir las alas de verdad y emprender el vuelo.
Entre gatos y libros ha nacido un nuevo porvenir para esta servidora. Con el deseo de salir adelante de este círculo vicioso de malas enseñanzas y costumbres masoquistas, anhelo para ustedes la misma satisfacción de romper la burbuja y caer sobre la nube de sus aspiraciones y sueños.
Con afecto, Esperanza.

4 ene 2017

2:28

En los momentos de dolor suelen decir que "somos los que estamos y estamos los que somos".
En primer lugar, ¿qué somos? Y después... ¿quiénes estamos?
Somos efímeros.
Y estamos.

26 oct 2016

Otro amanecer de revelaciones.

Una vez vi a un paciente psiquiátrico sufrir. Lo atisbé muy de cerca y aquella única experiencia me dejó marcada. Yo quería ser psiquiatra; después de eso, sentí injusta la labor del especialista. Al menos, al único al que conocí, lo único que escuché de él fue «divide la tableta en cuatro partes y toma dos cada día; si tienes los pensamientos, ya sabes, esos pensamientos, toma otra parte sin importar si ya has tomado las pre-indicadas». Vi caer a esa persona y de paso, también vi caer a mis ilusiones de ser psiquiatra. Para mí, era una analogía de un crimen y castigo. Crimen del médico recetar tan a diestra y siniestra aquel medicamento, y castigo del paciente tener que vivir dependiendo de un fármaco para resistir esos pensamientos. Irónicamente, la sustancia química prescrita para soportar esos pensamientos, tenía como efecto secundario provocarlos más.

En conclusión, solía pensar que los pacientes psiquiátricos vivían condenados a padecer su enfermedad atados a los medicamentos, «hasta que alguien (tal vez un galeno en crecimiento) encontrara la forma de reproducir neuronas». Yo, sí, era pesimista.

Pero entonces, alguien le dio una perspectiva distinta a la «condena» como tal (o al término en sí). Alguien dijo «no somos la excepción [tú y yo, los "sanos"]». 

Pensé: «sin embargo, al menos nosotros tenemos elección; ellos no». En aquel tiempo, lo más optimista que me permitía ser, era pensar que ellos, los pacientes psiquiátricos, tenían la ventaja de no poder elegir y simplemente seguir lo que dictaminaba un médico; mientras que yo, teniendo tantas elecciones frente a mí, sufría porque no era capaz de discernir entre una y otra. Era optimista al pensar que ellos estaban en mejor lugar que yo, pues podían reclamar el rumbo de su vida; yo, por mi parte, no tenía a quién reclamar el rumbo por el cual serpenteaban mis decisiones. Ahora me doy cuenta de lo rota que estaba (y, tal vez, de lo descarada que estaba siendo).

«Así no funcionan las cosas», dijo ese alguien. «Todo es impredecible. Hoy puedo decirte que eres mi mejor amigo, y el día de mañana ni siquiera preguntarte cómo estuvo tu día».

Yo estaba equivocada. Todo es impredecible, como el hecho de que, meses después de aquella conversación, ese alguien y yo no seamos más que dos simples conocidos, que ni siquiera se preguntan qué nuevas historias tiene el balcón para contar.

Sin embargo, aquel que dijo que no es así como funcionan las cosas, también se equivocó: nosotros sí tenemos elección (los sanos y los no tan sanos). Por ejemplo, yo elijo escribir esto, mientras muy dentro de mí deseo regresar a aquella conversación y cambiar mi opinón respecto a los pacientes psiquiátricos y su elección de no seguir el tratamiento, en vez de dirigir esta misiva a quien realmente corresponde.

Permítanme un suspiro.

Meses después, tal vez sigo siendo pesimista al pensar que los pacientes psiquiátricos no tienen más opción para no ceder ante esos pensamientos que vivir de los medicamentos, pues aún nadie sabe cómo regenerar las células nerviosas; o tal vez me convertí en una verdadera optimista, al conservar el anhelo de que escuchas tanto mi nombre que aún no es necesario conseguir un regenerador de amistades.
Ni de momentos.
Irónicamente lejana, la esperanza.

9 jul 2016

Cambios.

Hay dolores. Hay sentimientos. Hay emociones. Hay sensaciones. Y hay vacíos.
Nunca recuerdo un dolor anterior, por lo que, lo que duele hoy, lo siento como lo más triste y punzante que he sentido, como si nunca antes algo hubiera dolido.
Estaba perdida, seguía perdida, pero cada vez que necesitaba un camino iba a un lugar particular lleno de letras y canciones que me inundaban paz. Aquel lugar no era mío ni era para mí; era de un universo distinto y misterioso. Pero yo acudía ahí, porque aunque no encontraba mi camino, hayaba paz y eso era más que suficiente.
Muchas veces, en ese lugar, encontré retazos de mi alma, tal vez destinados a mí, tal vez escritos al azar, pero los encontraba.
Y entonces esta noche, donde las piezas en mi interior, rotas y perdidas, pedían a gritos ser recompuestas, fui. Fui y ya no me encontré. Fui y en cada retazo ya no estaba mi alma. Fui y ya no era parte del universo que me daba esa calma.
Ya no había lugar para mí.
Y dolió.
Dolió simplemente no haberme leído entre esas letras.
Dolió no ser parte de ese universo.
Dolió ya no ser parte de nada.
Esperanza.

12 mar 2016

La balanza.

Estar en una relación no es nada fácil. Todos llegamos a ilusionarnos con la feliz idea de los hermosos sentimientos que nos provoca la otra persona, y lo maravilloso que es pasarla a su lado y saber más sobre él o ella. Pero después de nueve meses de conocerse, todavía no somos capaces de atisbar todo lo que esa persona piensa, siente o más importante aún, es.
Como seres humanos, somos tan distintos e inmensos en nuestro interior que ni a nuestra propia palma de la mano la conocemos en su totalidad. Literalmente somos universos contenidos en un cuerpo dado por la naturaleza. Somos inmensos y pequeños a la vez.
Pero que no se nos suba a la cabeza...
Entonces, ya establecida esta parte sobre nosotros mismos como seres individuales, viene la parte en la que dos personas se complementan como uno. Y no necesariamente será el matrimonio porque no siempre nuestra otra mitad está representada en la persona con la que nos casaremos. Están los hermanos, los padres, los amigos, ¡están todos los demás!
Pero en este caso sí hablaré sobre ese ser del que nos enamoramos. 
Después de poner los sentimientos sobre la mesa y decidir ser una pareja, el camino no termina ahí. Al inicio tiende a ser mucha adrenalina y algo de timidez porque aún somos dos desconocidos caminando hacia una aventura que es el amor, pero al pasar el tiempo, vamos revelando nuestra esencia y lo que conlleva convivir con el otro. Entonces aparecen los desacuerdos y las contrariedades; después de todo, somos mundos distintos. Dar por sentado que sabemos todo de la otra persona resulta inútil si queremos vivir en armonía.
Y he aquí por qué me parecen interesante las relaciones amorosas: incluso habiendo pasado diez años, cada día descubriremos algo nuevo de ese ser. Por lo que nos tocará decidir, si deseamos seguir con él o ella, o si dejarlo. 
~Seguir con esa persona a pesar de haber visto el lado que menos nos gusta requiere de sacrificio y de callar una parte de nosotros que está en desacuerdo para poder complementarse, porque tengo la teoría de que no somos 1 + 1 = 11, sino 1 + 1 = 2. Sé que parece absurda la representación, pero en mi mente no es así. Lo planteo de esta manera: si fuéramos como el primer ejemplo, nos mantendríamos intactos al inicio y al final del camino, solo unidos a alguien más (un igual no tan igual). Pero no. Somos como el segundo ejemplo, porque al unirnos a ese ser (¡por Dios que no hablo necesariamente de matrimonio!), cambiamos nuestra estructura para acoplarnos. El dos en nada se parece al uno de la sumatoria, porque tampoco nosotros nos pareceremos al que fuimos en un inicio. ¿Y por qué? La respuesta está entre una de estas líneas: sacrificio. En el momento que decidimos seguir en pie con la persona amada a pesar de sus errores y defectos, sin escatimar aquello que no conocíamos y que hoy nos muestra la realidad de la imperfección, nos hemos entregado a la metamorfosis del uno por el dos.
Y es ahí cuando decimos que un amor nos dejó marcados...
Pero sacrificarse es de valientes, porque no es <<darlo todo y no esperar nada a cambio>>. ¡Claro que esperamos algo a cambio!, y es lo menos egoísta del mundo: ser comprendidos, ser escuchados, ser transparentes hacia el otro. ¿Pero cómo? He aquí mi percepción: sincerando nuestros sentimientos; algo así como: "acepto esta parte de ti, pero entiende cómo me hace sentir", porque sino, ¿de qué sirve amarse tanto si no se puede ser franco cuando lo amerita?, ¿de qué sirve guardar una herida tan peligrosa que pueda agrietar las bases de la relación? Además, siendo honestos con la otra persona, le damos la libertad de poner en la balanza lo bueno y lo malo, y así él o ella estará en el derecho de hacer lo mismo con nosotros. Es, a lo que yo llamo, complementarse. Una decisión de sabios, pero como digo, que sólo los valientes pueden escoger.
Algo así como ser agua y semillas de cafetos y convertirse en café.
~Por otra parte, podemos dejar a esa persona. Si no me gusta cómo me hace sentir esa parte de él o ella, simplemente tomo mi camino y no insisto más. Sigo siendo el uno del inicio, con la disposición de encontrar a otro uno y, unirme en un once o, metamorfosearme en un dos. Eso depende de cada quién.
El punto es que, estar en una relación no es fácil. Es dejar nuestra zona de confort y mudarnos a otra; es cambiar la rutina y aventurarnos a cosas nuevas; es enfrentarnos a situaciones desconocidas y salir vivos de ellas; es conocer y aceptar, respetar y comprender, pero más que todo: nunca desistir. Porque somos dos mundos uniéndose, y de esa colisión, tal vez dolorosa, tal vez hiriente, siempre se puede sacar algo bueno.
Esperanza.

31 ene 2016

Cangrejo.

Estoy destinada (o condenada) a subir y bajar.
Cuando estoy abajo, sé que por ley subiré. Y cuando estoy arriba, sé que de alguna manera he de bajar. Como el ocho.
Pero también sé que no será por voluntad propia.
Estoy destinada a ser.


8 ene 2016

Autoconocimiento.

AUTOCONOCIMIENTO Y SU TRANSFORMACIÓN EN EL APRENDIZAJE DEL SER HUMANO.
«El misterio final es uno mismo» es una frase que conocemos de Oscar Wilde y que encaja perfectamente para el término «autonocimiento», y es que ¿quién no se ha preguntado qué tanto se conoce a uno mismo? Hay tantas cosas que creemos saber de los demás y del mundo, pero que no se revelan ante nosotros porque están ligadas con el aprendizaje de nuestro ser como individuo.
Abordar un tema tan complejo como el autonocimiento —porque sí, lo considero complejo—, es necesario conocer qué significa y cuáles son los límites que tiene o hasta dónde nos puede llevar su aplicación en nuestra vida cotidiana. A pesar de que la RAE no lo considera como un término aún, existe un enunciado de dominio público y que se acomoda a las exigencias de esta palabra compuesta que lo define como «el resultado de un proceso reflexivo mediante el cual la persona adquiere noción de sí mismo; de sus cualidades y características». Entonces, si el autoconocimiento es un resultado, Wilde acertó al manifestar que es el misterio final. ¿Pero lo conseguimos?
Autoconocerse comprende más allá de lo que nuestros ojos ven y lo que nuestra mente recuerda. Como humanos, somos seres complejos que, al tener la facultad de pensar y expresarlo mediante palabras, estamos expuestos a constantes cambios en nuestro comportamiento y actitud, y debemos esto también a la interacción social que desarrollamos desde que estamos en el vientre materno. Entonces, esta complejidad hace que el conocimiento de nosotros mismos sea algo que, como cualquier ciencia, hay que dedicarle atención y estudio diario. Cada día se presentan situaciones nuevas y personas nuevas ante las cuales debemos reaccionar como respuesta a la supervivencia y a la convivencia (dos factores que luchan frecuentemente. en nuestro interior). Por lo que autoconocerse es una tarea que debemos cumplir. Para explicar esto mejor, es necesario conocer la Ventana de Johari, una propuesta de los psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham, la cual está anexada en el presente documento.
La Ventana de Johari expone cuatro situaciones de las cuales solo dos hacen referencia al autoconocimiento: lo que yo sé de mí y los demás no (área oculta) y lo que tanto yo como los demás conocemos de mí (área libre). Las dos restantes —lo que yo desconozco y los demás sí (área ciega) y lo que tanto yo como los demás desconocemos (área desconocida)—, no se acomodan a la circunstancia del autoconocimiento, pero sí se establecen como parte de una persona, puesto que son áreas que posteriormente se resolverán a lo largo del desarrollo humano.
Las dos áreas antes mencionadas son el resultado de este proceso de reflexión. Pero llevarlas a cabo tiene un costoso y largo transcurso. Desde que somos pequeños hasta que llegamos a la edad adulta, vamos amoldando nuestros pasos al tipo de suelo que pisamos y nuestra mente se va forjando de enseñanzas y experiencias que la hacen «madurar». La forma en que recepto el regaño de mis superiores (ya sean familiares o profesores) no es la misma que cuando por primera vez cometí un error «digno de ser corregido», y la respuesta que doy ante un periodo de estrés no será el mismo que cuando labore y tenga más responsabilidades pesando en mi espalda. ¿Por qué? Porque he aprendido a manejarlas de maneras distintas (sin escatimar si son mejores o peores) y de esta manera me he ido moldeando como ser humano. Todo esto abarca el autoconocimiento: saber cómo reaccionaré ante determinadas situaciones, cómo soy cuando estoy solo, cómo soy cuando estoy acompañado, el porqué de mis respuestas, la razón de mis acciones, el pasado que me sigue y el futuro al que temo. Sin embargo, somos más que eso pero conocemos menos que eso, también.
Somos seres en constante evolución, lo que implica desechar ciertas cosas de nosotros y reemplazarlas por otras. Parte de la naturaleza del ser humano es competir, y la mayor competencia que tenemos somos nosotros mismo. Dentro de esta competencia, está el objetivo de cambiar, de ser distintos y de acoplarnos a la meta que nos trazamos en determinado momento, por lo que necesitamos avanzar e innovar, con nosotros mismos y con nuestro entorno. En eso se basa el desarrollo humano, y su aprendizaje es fundamental para contribuir con este.
¿Pero en qué ayuda el autoconocimiento al aprendizaje del ser humano?
Para conocer el océano, hay que estudiar sus elementos; para conocer el universo, hay que estudiar las estrellas; para saber el funcionamiento del ser humano, hay que estudiar sus órganos; para conocer al ser humano, hay que estudiar a cada individuo. Pero esto no es tarea de una sociedad, ni de una organización, ¡ni de científicos o profesores!, es tarea de uno mismo, porque somos tan infinitos como el universo y tan complejos como el mar que intentar abarcar con todos sería intentar abrazar todo el oxígeno del planeta sin que ninguna partícula quede fuera.
¿Contribuye conocerse a sí mismo para aprender de los demás?
Sí, porque parte del autoconocimiento es la reflexión del ser y sus características, y ya que nos asemejamos tanto en físico, nuestras mentes no están lejos de esta aproximación. Mejor dicho, es como tomar en una botella agua del mar e intentar conocer las propiedades de este en general con esta pequeña porción. ¿Que no será como el agua que está a un kilómetro de distancia? Es cierto, pero tampoco está tan lejos de parecerse.
Tal vez el mayor error de la humanidad es querer aprender del exterior sin haber conocido su interior, y aunque lo aplica en otros ámbitos como la tecnología y la medicina, aún no se lo ha propuesto como humanidad, que es tan o más importante que el próximo invento que facilitará nuestro diario vivir.

Conocerse totalmente ha de ser el éxtasis de la vida, o el final del misterio como dice Wilde, aunque para mí, este misterio nunca tendrá fin. Las otras dos partes de la ventana de Johari forman parte de este largo recorrido por el que intentamos caminar y que deseamos terminar con satisfacción, pero que día a día se va alargando más y más, sin final. Sin embargo, el objetivo de vivir es tener noción de lo que somos y hacia dónde nos dirigimos, de forma que no sólo sabremos de nosotros sino del humano como un todo, como humanidad.

Autora: María Esperanza Álava Zambrano.
(Trabajo de Desarrollo del Pensamiento, UTM)

24 nov 2015

Ocho minutos.

Hay algo extraño en esta mañana en la que la casa está sola y las canciones se reproducen sin confortar al corazón que las escucha. La soledad.
Hay un aire de ansiedad que se encierra en estas cuatro paredes y no deja que mis piernas y manos se queden en un solo lugar. Pero no es miedo a la soledad, sino a los minutos que quedan para que esta se vaya.
Esperanza.

5 oct 2015

Diario.

He escuchado muchas veces decir a muchas personas que ya han madurado. ¿Pero qué es madurar? 
Después de observarlos a todos ellos, siento que hay muchas formas de ser maduro. Es decir, no es algo universal. No sé. No tiene sentido para mí.
Siento que he crecido un poco...
Hoy el día estuvo soleado, tanto que sentía fuego en mis cabellos; pero mi corazón lo contrasta con su tristeza. Mi alma se siente desgarrada por dentro. 
Así que decidí llorar... 
Lloré tanto que llegó un momento en que si quería seguir llorando, ya no tenía sentido, ya no me molestaba el dolor. Pero mi problema no se había solucionado. Así que miré mi teléfono y busqué entre mis contactos a mis amigos cercanos. Pero me di cuenta que sus perfiles reflejaban tristeza también y pensé «ellos también tienen sus problemas propios». 
Lo apagué.
Y después de un rato, mirando a la nada me imaginé si les escribía; si les pedía consuelo o si les contaba lo que me sucedía..., y resulta que esa imagen no me confortó, porque tal vez no me escucharían como quiero que me escuchen. Incluso tal vez dirían cosas por decir. 
Las palabras por pantalla no son lo mismo que el reconfortante silencio de un abrazo.
Así que me dije a mí misma: «no busques un consejo, no vendrá. Y si viene, no lo necesitarás. Los mejores consejos llegan cuando menos lo esperas, y ahorita lo estás esperando. Llora. Llora mucho y después limpia tus lágrimas. Duerme y ya mañana solucionarás el problema».
Algunas personas me han dicho que maduraron porque se dieron cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos porque están más en las malas que en las buenas... Pero a veces no queremos decir que estamos en las malas, entonces ¿cómo lo van a saber ellos?
He estado muchas veces en las malas y no le he dicho a mi mejor amiga, pero eso no hace que ella sea mala o no sea la persona que pensé que era. No, simplemente no le dije que estaba mal porque no quiero compartir mi pesar o porque no quiero molestarla. Da igual. Es mi problema. Pero ella sigue siendo mi mejor amiga.
Y es que me doy cuenta que he crecido porque en momentos como estos no quiero nada, sólo llorar. Sólo quiero darle a mi dolor su respectivo luto, sin bombos ni platillos. Simplemente suspiraré y dejaré ir poco a poco esto que siento. Y cuando revise de nuevo mi celular, tal vez todavía no sepa quiénes son mis verdaderos amigos, pero tampoco tendré que probarlos, porque para mí la vida no se trata de probarlos a todos, porque no todos giran a mi alrededor. Y así. 
Escojo vivir así porque nadie se odia y cada quién se preocupa por lo suyo. Ya vendrán momentos para dar la mano al otro (y si es que el otro quiere que se la den; sino, no importa. Eso no lo hace menos amigo).
He terminado de escribir esto con mi dolor un poco menos fuerte pero aún latente, y tan poco madura como cuando nací.
Ya mañana será otro día y podré levantarme con la fuerza que me caracteriza. Tal vez me quede en la cama todo el día viendo pasar la vida o quizás ni siquiera despierte. Nunca sé. Pero esta noche los amigos siguen en el corazón y mi problema en la mente. Son dos mundos aparte. Fin.
Esperanza.

19 sept 2015

En agosto, alguna vez.

Los meses pasan volando, como las hojas arrastradas por el viento. Tan imperceptibles que los kilómetros recorridos se vuelven desconocidos.
Parece mentira que he malgastado muchos momentos sin llorar, cuando lo que quería hacer era desahogarme. Sólo por el miedo a mí misma y a mis lágrimas.
Existe la oportunidad de cambiar, si valoramos el tiempo y le damos su espacio al desconsuelo, para que no exija más cuando tengamos que salir al mundo.

Un café para los taciturnos y miel para el trago amargo que viene después.
Esperanza.

30 may 2015

No me he ido, aún.

No hice nada.
Estuve un rato sin hacer nada, sólo pensar.
Sentí que estaba pensando por primera vez; pensé que por primera vez sentía.
Y me di cuenta de por qué la soledad no es tan mala compañera; ella no presiona.

10 ago 2014

Se apagan las luces.

Esta noche las luces se apagan, como siempre. Esta noche las cartas quedan donde empezaron, en el regazo del que las escribió. Esta noche no hay nada que quiera saber de la gente.
Hace algún tiempo llegué a desear que una tristeza me acongojara a tal punto que la belleza en mi interior se viera expuesta. Lo que nunca pensé es que ésta no tendría más motivo que un dolor en el corazón. Una herida que evita ser remediada y opaca las esperanzas en mi interior.

Desearía que estuvieras conmigo. Sólo una noche…, por el resto de mi vida.
Esperanza.

20 jul 2014

Más triste que cualquiera.

He aquí la de los ojos tristes, cansada de esta fachada tan patética.
Pensaba en la melancolía que inunda este ser y me daba cuenta de que no hay quien sea merecedor de su firma en mis consecuencias. Tal vez partícipes, sí, pero no dueños.
Entonces me preguntaba: ¿a quién tengo que escribirle para calmar esta sensación, ahora que sé aquello? ¿A quién tengo que mirar a los ojos para traspasar su alma y encontrar respuestas?
¿A quién?
Y me di cuenta que sólo yo podía responderme.
Entonces a mí tenía que hacerme tantas preguntas. A mí tenía que mirar a los ojos para encontrar respuestas.
El problema era que, al mirar mi reflejo en el espejo, éste parecía opacarse.
Y ahí me quedé, estancada en la oscuridad, sin saber de nuevo a quién escribirle.
Esperanza.

15 jul 2014

Declaración anónima.

Incluso de mis ausencias eres dueño.
No es necesario tener tu nombre tatuado en mis pensamientos para saber que cada suspiro mío susurra el deseo de tenerte aquí a mi lado.
Pero tengo miedo de que me quieras y que pase lo que pasa después de que dos almas se prometen amor.
Tengo miedo de que dure los segundos que dura el primer beso y entonces, después de la primera luna de miel, todo se torne en triste monotonía.
Por eso prefiero que estés así: sin mirarme; sin quererme; sin pensarme.
Creo que más temo perderme a mí misma y con ello, perderte a ti.
Pero para eso hay cura, dicen, y esa es la de nunca tenerte pero siempre quererte.
Te quiero como se quieren los minutos que no esperamos que pasen.
Es decir, te anhelo y le hago honor al propósito del deseo; el de aferrarme siempre a tu ausencia.
Si me preguntas cómo le hago para vivir así, comprende mi silencio: yo también espero respuestas.
Y si no preguntas, comprenderé. No puedo exigirle nada a alguien que olvidó mi existencia o que tal vez nunca la reconoció.
Esperanza.

Última carta.

Entonces entendí.
Comprendí que no te debía nada y que mi dolor era eso, mío y de nadie más. Entonces ¿por qué?
¿Por qué te lo mostré?
¿Por qué desnudé mi alma ante ti si lo único que te interesaba era desnudarme la piel?
Pero pasó y yo aprendí que no era de mí de quien debía huir. No era de mí de quien debía estar decepcionada porque..., después de todo, fue una lección y las lecciones son para superar.
No te digo que te libero porque siempre fuiste libre, hiciste lo que quisiste y me dejaste ser.
La que se obstaculizó y encadenó fui yo, pero lo que haya hecho después para arreglarlo no es de tu incumbencia. Es más, nada de lo que te escribo lo es; después de todo, son quejas y vos ni por pena te interesas.
Esto no es un nosotros. Nunca lo fue.
Los besos fueron de dos, con sabor a ti. Los silencios fueron sólo míos, intentando acoplarnos a la nada. Pero gracias. Disfruté las caricias y la euforia pasajera.
Si me pides una metáfora, el tren ya va a partir, así que me despido. No me llevo nada tuyo y, si me es posible, dejaré el recuerdo en el primer paisaje que vea.
Si algún día recuerdo su ubicación, vendrá tu nombre a mi mente. Y si no pues, adiós..., mi olvidable amorío pasajero.
Libre por siempre, la esperanza.

8 jul 2014

Sutil advertencia.

No cortes mis alas, por favor, si ya me es difícil extenderlas.
Quiero estar contigo y tenerlas pues, a parte de mi corazón, es lo único que me queda.
No dejes que caiga pero tampoco me sostengas.
No me exijas.
Yo voy poco a poco y si a ti te gusta ir rápido,
te quedarás a la tercera vuelta cuando yo esté todavía disfrutando de la primera.
Ser tu amante es difícil. Ser tu amada no es una obligación.
Tienes todo el derecho y libertad de pensarme y quererme como tú quieras.
Yo no soy exigente.
¿Pero por qué tú sí?
No me perderás, entiéndelo.
Yo estaré aquí esperándote con los brazos abiertos aunque tenga los ojos entristecidos por el tiempo.
No olvides que soy humana también.
Pero..., si desesperas, harás que me pierda.
Y cuando me haya perdido será realmente difícil para ti volver a encontrarme.
Y entonces no será un amor fortalecido por el tiempo, sino roto por la premura...
Y entonces..., ya no habrán alas, ya no habrá corazón, ya no habrá nada.
Esperanza.

30 jun 2014

Uno de esos seres.

Encontré a uno de esos seres
que esconden la poesía en unos labios prohibidos.

Encontré a uno de esos seres
que ignoran la belleza en su ausente mirada.

Encontré a uno de esos seres
que acarician las palabras como si fueran piel.

Encontré a uno de esos seres
que hacen invisible su alma a los ojos ajenos.

Encontré a uno de esos seres, sólo a uno.
Y me ha quitado el sueño.

El poeta no me conoce y yo ya le estoy escribiendo poesía.
Y ni siquiera se hace llamar poeta...

13 may 2014

Ingrato amor.

No sé qué le hice al amor.
Suena trágico viniendo de una estrella recién nacida que aspira ser parte de una constelación, pero así es. Y creo que es bueno que todos tengamos nuestros momentos trágicos; éste es el mío.
Pero bueno, aún no sé qué le hice al amor.
Hace un tiempo creí estar enamorada de alguien, y hoy descubrí que estaba enamorada de la idea de amar. Es lo más lógico que me han podido decir con respecto a esta situación que melancoliza mi corazón, por lo que la considero la primera definición en el diccionario de la biografía de mi corazón: estoy enamorada del amor.
Decía que estuve engañada con esa idea de querer a alguien hace algún tiempo y entonces doblegué ante la culpa y la tristeza y permití al frío abrazarme.
No soy una persona fría, soy muy amorosa. Pero ya no sé cómo aceptar el amor que merezco y no creo merecer.
Soy fuerte (como el gatito que camina torcido cuando aprende a caminar) por lo que recogí a mi corazón y pegué sus piezas en un mosaico.
Y esperé.
Pero entonces lo dejé expuesto ante el engaño disfrazado de encanto (muy redundante) y éste tenía manos resbaladizas, muy inseguro para mi insensato corazón.
Se rompió otra vez.
Y así.
Así seguirá por siempre, creo.
Ojalá algún día alguien se ponga guantes antes de sostener a mi maltrecho corazón. El pobre siente como si tuviera años de caídas encima de sus frágiles coronas. Y aun así sigue sin ser débil.
La luna se ve enorme, pareciera que fuera a dar un concierto con las estrellas.
Dicen que Cáncer es un signo lunático, y bueno, tal vez por eso estoy escribiendo esto hoy, en una noche de Luna Bella.
Mi última bendición para todos: amen el amor aunque al que llamen amor no les devuelva la mirada.
Esperanza.

Confianza..., constancia.

A menudo aparecen personas en mi vida con el afán de sorprenderme. Tal vez no sea la única que piense en ello; a la final resulta interesante analizarlos a cada uno.
Estas personas que de la nada se integran a mi vida tienen la capacidad de dejar enseñanzas o de reafirmar algunas de ellas, como la más común (y por lo tanto, la que debería tener más en cuenta): no confiar en los demás.
Sucede que cuando entablas un lazo con estas personas, surge la impresión de que es irrompible y por lo tanto será respetado. Sin embargo, a todos se nos suelen escapar los secretitos "bien" guardados.
Y aunque eso es una cosa que le puede pasar a cualquiera (creo que hasta mi madre ha de haber contado una de mis anécdotas incontables), hablar de los demás y en especial de con quien haz creado un lazo no es correcto.
Se puede decir que dar una opinión es muy distinto. Pero si nos referimos a opinar de alguien, el contexto varía según la perspectiva: una cosa es decirlo a quienes no corresponde, a espaldas de quien se habla y otra cosa diferente es decírselo a la persona que corresponda. Entonces ahí realmente se está dando una opinión y se demuestra la sinceridad de cada ser.
La verdad es que pensar en que no hay en quien pueda confiar en lo absoluto me marea. Me siento vacía porque mi idea se vuelve irónica y me juzga a mí misma; si yo no confío ¿deben ellos confiar en mí?
Hace poco rescataron de mí el hecho de que ya no hablo tanto como antes, y no me afecta pues me siento más cómoda escuchando. Aunque sí es cierto que cuando hablo, ya no son cosas tan inteligentes como las que desearía escuchar de mí.
Sin embargo, lo que sí me afectan son mis pensamientos. Ya no se escriben solos como antes. Ahora se juzgan a sí mismos como si el prejuicio tuviera el derecho de autoeliminarlos.
Este señor prejuicio ha creado toda una tiranía en mi interior.
Como ser pensante que no desea ser pensado, el mismo pensamiento hace que desconfíe de mi propia capacidad emocional. Y es por eso que ahora callo.
Ya no pienso tanto..., creo.
Pienso demasiado. Pero pienso tanto que ya no sé realmente qué es lo que estoy pensando.
Y callo.
Me he convertido en una cajita de secretos. Tengo el candado y manejo la llave a mi manera. Sólo se abre cuando alguien necesita ser escuchado y se cierra cuando las palabras han terminado de brotar de sus interiores.
Entonces no pueden confiar en mí, porque sólo escucho y callo y, aunque no digo a nadie más lo que guardo, voy almacenando mucho.
¿Entiendes?
Pero me gusta así. Si he de pensar de nuevo, que sea en una solución al problema más grande que hasta ahora no he podido resolver: en qué confiar.
Sorprendente, hasta ahora no ha figurado mi corazón en este texto.
Esperanza.

8 may 2014

Muñeca de trapo.

Soy consciente de que soy como una muñeca de trapo, con trenzas adorables y mejillas sonrosadas, pero con defectos de fábrica.
Algunos se han de ilusionar con mi apariencia gentil y luego, al descubrir los vacíos en mi interior, querrán repararme a su manera; parchándome, tapando el vacío con la esencia que no es mía. Todos ellos son los equivocados.
Cuando alguien descubra el brillo oculto en mis ojos y no desee repararme ni parcharme con su esencia, sabré que es el correcto, porque entonces mis vacíos por fin tendrán sentido.