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15 ene 2017

Entre gatos y libros.

Dicen que el 2017 es un nuevo año para hacer las cosas bien y que la prosperidad viene garantizada por las estrellas, el destino o lo que sea que lo garantice.
Digamos que empecé bien el año, digamos que tengo esa esperanza de que sea uno muy bueno, digamos que he iniciado mi camino del desprendimiento.
Digamos, simplemente, que es un buen año.
Entre gatos y libros me di cuenta de que muchas veces cursé el camino equivocado (para mí, porque para el resto era adecuado) simplemente porque tenía miedo al que me pertenecía. Soy distinta al resto y cada uno de ellos, los que conforman el resto, son distintos a los demás y a mí. Por lo tanto, ¿qué hacía recorriendo un sendero que no era para mí? ¿Qué hacía caminando cuando mi cualidad era volar? Era como la anécdota esa del pez que intenta trepar un árbol; ante los ojos de los demás, es obvio que el pez pertenece al agua, pero al pez le han enseñado que tiene que trepar el árbol como el resto.
Cuando estamos dentro de la burbuja, somos incapaces de ver nuestras capacidades y solo vemos nuestras limitaciones; los de afuera pueden verlo claramente, simplemente deciden no decirnos porque ellos también viven en burbujas y creen que eso está bien. ¿Por qué? Porque así hemos sido enseñados.
Yo rompí mi burbuja y me caí, y aún sigo cayendo, pero bueno, dije que mi especialidad es volar así que una y otra vez lo intentaré hasta que logre abrir las alas de verdad y emprender el vuelo.
Entre gatos y libros ha nacido un nuevo porvenir para esta servidora. Con el deseo de salir adelante de este círculo vicioso de malas enseñanzas y costumbres masoquistas, anhelo para ustedes la misma satisfacción de romper la burbuja y caer sobre la nube de sus aspiraciones y sueños.
Con afecto, Esperanza.

12 mar 2016

La balanza.

Estar en una relación no es nada fácil. Todos llegamos a ilusionarnos con la feliz idea de los hermosos sentimientos que nos provoca la otra persona, y lo maravilloso que es pasarla a su lado y saber más sobre él o ella. Pero después de nueve meses de conocerse, todavía no somos capaces de atisbar todo lo que esa persona piensa, siente o más importante aún, es.
Como seres humanos, somos tan distintos e inmensos en nuestro interior que ni a nuestra propia palma de la mano la conocemos en su totalidad. Literalmente somos universos contenidos en un cuerpo dado por la naturaleza. Somos inmensos y pequeños a la vez.
Pero que no se nos suba a la cabeza...
Entonces, ya establecida esta parte sobre nosotros mismos como seres individuales, viene la parte en la que dos personas se complementan como uno. Y no necesariamente será el matrimonio porque no siempre nuestra otra mitad está representada en la persona con la que nos casaremos. Están los hermanos, los padres, los amigos, ¡están todos los demás!
Pero en este caso sí hablaré sobre ese ser del que nos enamoramos. 
Después de poner los sentimientos sobre la mesa y decidir ser una pareja, el camino no termina ahí. Al inicio tiende a ser mucha adrenalina y algo de timidez porque aún somos dos desconocidos caminando hacia una aventura que es el amor, pero al pasar el tiempo, vamos revelando nuestra esencia y lo que conlleva convivir con el otro. Entonces aparecen los desacuerdos y las contrariedades; después de todo, somos mundos distintos. Dar por sentado que sabemos todo de la otra persona resulta inútil si queremos vivir en armonía.
Y he aquí por qué me parecen interesante las relaciones amorosas: incluso habiendo pasado diez años, cada día descubriremos algo nuevo de ese ser. Por lo que nos tocará decidir, si deseamos seguir con él o ella, o si dejarlo. 
~Seguir con esa persona a pesar de haber visto el lado que menos nos gusta requiere de sacrificio y de callar una parte de nosotros que está en desacuerdo para poder complementarse, porque tengo la teoría de que no somos 1 + 1 = 11, sino 1 + 1 = 2. Sé que parece absurda la representación, pero en mi mente no es así. Lo planteo de esta manera: si fuéramos como el primer ejemplo, nos mantendríamos intactos al inicio y al final del camino, solo unidos a alguien más (un igual no tan igual). Pero no. Somos como el segundo ejemplo, porque al unirnos a ese ser (¡por Dios que no hablo necesariamente de matrimonio!), cambiamos nuestra estructura para acoplarnos. El dos en nada se parece al uno de la sumatoria, porque tampoco nosotros nos pareceremos al que fuimos en un inicio. ¿Y por qué? La respuesta está entre una de estas líneas: sacrificio. En el momento que decidimos seguir en pie con la persona amada a pesar de sus errores y defectos, sin escatimar aquello que no conocíamos y que hoy nos muestra la realidad de la imperfección, nos hemos entregado a la metamorfosis del uno por el dos.
Y es ahí cuando decimos que un amor nos dejó marcados...
Pero sacrificarse es de valientes, porque no es <<darlo todo y no esperar nada a cambio>>. ¡Claro que esperamos algo a cambio!, y es lo menos egoísta del mundo: ser comprendidos, ser escuchados, ser transparentes hacia el otro. ¿Pero cómo? He aquí mi percepción: sincerando nuestros sentimientos; algo así como: "acepto esta parte de ti, pero entiende cómo me hace sentir", porque sino, ¿de qué sirve amarse tanto si no se puede ser franco cuando lo amerita?, ¿de qué sirve guardar una herida tan peligrosa que pueda agrietar las bases de la relación? Además, siendo honestos con la otra persona, le damos la libertad de poner en la balanza lo bueno y lo malo, y así él o ella estará en el derecho de hacer lo mismo con nosotros. Es, a lo que yo llamo, complementarse. Una decisión de sabios, pero como digo, que sólo los valientes pueden escoger.
Algo así como ser agua y semillas de cafetos y convertirse en café.
~Por otra parte, podemos dejar a esa persona. Si no me gusta cómo me hace sentir esa parte de él o ella, simplemente tomo mi camino y no insisto más. Sigo siendo el uno del inicio, con la disposición de encontrar a otro uno y, unirme en un once o, metamorfosearme en un dos. Eso depende de cada quién.
El punto es que, estar en una relación no es fácil. Es dejar nuestra zona de confort y mudarnos a otra; es cambiar la rutina y aventurarnos a cosas nuevas; es enfrentarnos a situaciones desconocidas y salir vivos de ellas; es conocer y aceptar, respetar y comprender, pero más que todo: nunca desistir. Porque somos dos mundos uniéndose, y de esa colisión, tal vez dolorosa, tal vez hiriente, siempre se puede sacar algo bueno.
Esperanza.

5 oct 2015

Diario.

He escuchado muchas veces decir a muchas personas que ya han madurado. ¿Pero qué es madurar? 
Después de observarlos a todos ellos, siento que hay muchas formas de ser maduro. Es decir, no es algo universal. No sé. No tiene sentido para mí.
Siento que he crecido un poco...
Hoy el día estuvo soleado, tanto que sentía fuego en mis cabellos; pero mi corazón lo contrasta con su tristeza. Mi alma se siente desgarrada por dentro. 
Así que decidí llorar... 
Lloré tanto que llegó un momento en que si quería seguir llorando, ya no tenía sentido, ya no me molestaba el dolor. Pero mi problema no se había solucionado. Así que miré mi teléfono y busqué entre mis contactos a mis amigos cercanos. Pero me di cuenta que sus perfiles reflejaban tristeza también y pensé «ellos también tienen sus problemas propios». 
Lo apagué.
Y después de un rato, mirando a la nada me imaginé si les escribía; si les pedía consuelo o si les contaba lo que me sucedía..., y resulta que esa imagen no me confortó, porque tal vez no me escucharían como quiero que me escuchen. Incluso tal vez dirían cosas por decir. 
Las palabras por pantalla no son lo mismo que el reconfortante silencio de un abrazo.
Así que me dije a mí misma: «no busques un consejo, no vendrá. Y si viene, no lo necesitarás. Los mejores consejos llegan cuando menos lo esperas, y ahorita lo estás esperando. Llora. Llora mucho y después limpia tus lágrimas. Duerme y ya mañana solucionarás el problema».
Algunas personas me han dicho que maduraron porque se dieron cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos porque están más en las malas que en las buenas... Pero a veces no queremos decir que estamos en las malas, entonces ¿cómo lo van a saber ellos?
He estado muchas veces en las malas y no le he dicho a mi mejor amiga, pero eso no hace que ella sea mala o no sea la persona que pensé que era. No, simplemente no le dije que estaba mal porque no quiero compartir mi pesar o porque no quiero molestarla. Da igual. Es mi problema. Pero ella sigue siendo mi mejor amiga.
Y es que me doy cuenta que he crecido porque en momentos como estos no quiero nada, sólo llorar. Sólo quiero darle a mi dolor su respectivo luto, sin bombos ni platillos. Simplemente suspiraré y dejaré ir poco a poco esto que siento. Y cuando revise de nuevo mi celular, tal vez todavía no sepa quiénes son mis verdaderos amigos, pero tampoco tendré que probarlos, porque para mí la vida no se trata de probarlos a todos, porque no todos giran a mi alrededor. Y así. 
Escojo vivir así porque nadie se odia y cada quién se preocupa por lo suyo. Ya vendrán momentos para dar la mano al otro (y si es que el otro quiere que se la den; sino, no importa. Eso no lo hace menos amigo).
He terminado de escribir esto con mi dolor un poco menos fuerte pero aún latente, y tan poco madura como cuando nací.
Ya mañana será otro día y podré levantarme con la fuerza que me caracteriza. Tal vez me quede en la cama todo el día viendo pasar la vida o quizás ni siquiera despierte. Nunca sé. Pero esta noche los amigos siguen en el corazón y mi problema en la mente. Son dos mundos aparte. Fin.
Esperanza.

6 dic 2013

Ángel.

Estábamos en la camioneta, viajando hacia algún lugar cuando, al mirar por la ventana, vi a un hombre ya mayor jugando con una pelota de trapo. No sé por qué pero no pude evitar pensar en por qué estaría él ahí tan solo y tan tarde, y por qué parecía que muchas cosas estuvieran pasando en el mismo instante que posaba su mano sobre la cabeza con un gesto de... ¿melancolía?
No sé tampoco por qué pero me dolió esa imagen.
Mientras miraba el atardecer por la ventana del carro, deseaba tener música y hacer trágico mi momento adolescente del día. Pero justo llegamos a un sitio muy bonito, que abre sus puertas guardando más historias que las que yo podría escribir, y todo aquello que quería ponerme triste dejó de ser importante.
Llevávamos las manos llenas de cosas materiales, pero el corazón vacío para cualquier experiencia que pudiéramos vivir en el momento. Entonces, entre pláticas apareció una mujer con un niño pequeño en su carrito. Pensé "ha de tener tan sólo unos meses", pero mi sorpresa fue tanta cuando me enteré que pasaba más del año. Su pequeño abdomen estaba hinchado y en los ojos de la madre había una valentía cargada de angustia que nos contagiaba a todos en la habitación.
Mi madre no dejó correr sus lágrimas hasta que escuchó la triste historia.
Un año, cuatro meses.
Una enfermedad congénita que condujo a sus dos hermanitos mayores a la muerte.
Una familia que ha tenido que vender sus pertenencias para poder pagar las medicinas que difícilmente llegan a sus manos.
Un dolor profundo en el alma.
El pequeño es un Ángel (qué hermosa coincidencia que se llame así), y tiene que hacerse 14 quimioterapias más para completar las 40 y poderle hacer trasplante de médula. Hay un donante por suerte, pero hay que esperar a los exámenes para ver si son compatibles.
Nos fuimos del albergue en el que estaban con el corazón encogido y con la promesa de volver y no dejarlos solos en esta dura batalla. Sé que así será.
No puedo decir ni siquiera cómo me siento porque no hay palabras para expresar lo doloroso que es el hecho de que hay demasiados seres en este mundo necesitando de tanta ayuda para poder seguir adelante y somos tantos los que nos compadecemos de nuestro propio pesar sin mirar al resto...
Sus ojos eran mágicos. Eran alegres e inocentes. ¿Sabría él a lo que se está enfrentando? ¿Sabría él que si no mejora su situación podría tener el mismo destino que sus hermanos? ¿Sabría él lo desesperados que están sus familiares por conseguirle un espacio en el mundo?
Dios..., tengo el alma rota.
Y poco a poco voy recogiendo los pedazos, porque si quiero ayudarle no seré un soporte inestable ni una expresión más de lástima. Seré apoyo y amor. Consuelo y paz. Fortaleza y valentía.
Espero que algún día ese niño pueda correr y sonreír incesante, sin que ninguna enfermedad ponga en peligro su futuro.
Espero que el anciano que fue el centro de atención en las primeras líneas de este escrito haya llegado a su hogar y haya recibido el amor que merece.
Espero que el mundo abra los ojos al exterior y se solidarice con el resto, sin juzgar.
Al final del día, cuando ya no había más que oscuridad entre las calles y entre las luces que emitían los faroles, iba una señora trotando y un gatito no mayor a 6 meses junto a ella, juguetón, risueño. Tan feliz como deberían serlo todos.
Tenía el alma dividida y el pensamiento confrontándose entre  el anciano, el niño y el gatito. Pero recordé que mi corazón adora a todos y a cuantos desee adorar en esta vida. Me sentí tranquila porque hoy alguien ya había recibido el cielo con una sonrisa.
Y no, no era el niño. Fui yo.
Con amor, Esperanza.

26 nov 2013

Celeste sereno.

Hace un rato me estaba preguntando -mientras miraba la ventana- ¿por qué cuando el cielo se pone tan blanco (antes de llover) decimos que está "oscuro"? Es decir, está más claro que nunca...
Pero no, el color del cielo no representa la intensidad del sol, como las sonrisas no representan el fuero interno de cada uno, ni sus pisadas en la arena...
He estado observando a unas cuantas personas en el transcurso del día, sólo para disfrutar de sus distintas personalidades. 
Si digo que no he ganado nada al hacerlo, estaría mintiendo.
Y me percaté de que cada uno sonríe con la picardía del otro y conversan tan amenamente que es difícil saber si realmente lo que expresan es lo que los embarga. Y lo digo así porque soy ignorante al estudio del ocultismo de sentimientos; no soy el tipo de persona que con una sonrisa lo tapa todo. Como decía, entre miradas y miradas no encontré más que malos intentos de llenar vacíos con tontas escenas que deberían ser eliminadas de la película de sus vidas pues..., ya saben: el relleno sólo desespera y estorba.
Yo pensaba mientras los veía que, quizá, sus problemas no son tan grandes y saben apartar las cosas inútiles de las verdaderamente importantes. O tal vez son personas que entienden la diferencia entre ser fuerte -mientras sufren en silencio- y hacer dramas innecesarios.
Personalmente, no comprendo la diferencia entre ambas. Estoy tan confundida y suelo pensar que ser fuerte es compartir tu dolor con alguien y mantenerte en pie, buscando salidas a los problemas (pero soy una persona realmente dramática a la que no le cabe en la cabeza nada cuando la adversidad acecha su ser).
Estas personas a las que estuve mirando son tan normales como yo, y no menos o más especiales. Tan sólo son personas de las que me gustaría escribir un libro por cada vez que se descuidan y dejan abiertas las ventanas de sus almas. Pero gracias a ellos descubrí algo impresionante y que tal vez muchos se han dado cuenta antes... El color del cielo no representa necesariamente la intensidad del sol, pero sí las distancias entre este y el eje en el que estamos.
Es como la distancia entre la sencillez de una sonrisa con la melancolía de una mirada. No me parece algo hipócrita de quien lo haga, pues en ocasiones es difícil hacer que nuestros gestos alcancen nuestros ojos. Y es que pareciera que tuvieran vida propia.
Los ojos... Cómo quisiera poder descifrar lo que cada uno de ellos quiere gritar. A las personas nos encanta opacarlos para que nadie revele nuestros cientos y cientos de secretos, y camuflarlos con la perfecta solemnidad de una sonrisa. Pero lo que no solemos ver es que el vidrio que separa el interior del exterior sólo tiene cortinas para el que pasa por su lado sin mirar. Para los que nos fijamos en el tesoro que guardan, no hay nada.
Somos un peligro...
Estoy inspirada en la manera en la que no quisiera estar: no encuentro una melancolía específica para quedarme callada mirando por el balcón. Pero la tristeza es abstracta y en casos como este, no necesita razones para quedarse.
Y sí, el cielo se ve celeste sereno, pero acá adentro está oscuro.
Bless U.

4 nov 2013

Ausencia de colores.

Hola, mundo mío.
Aquí llego yo como ha llegado noviembre para mí: sin aviso y sin novedades.
Estos últimos tiempos han sido algo complicados para este corazón, y no es que esté reviviendo experiencias pasadas, sino que las decisiones que la vida empieza a poner en mi camino se van complicando como los niveles de un video game. Quizá son cosas sin relevancia para el resto del universo pero para mí, en mi aparentemente pequeño mundo, son cosas que han de marcar mis páginas hasta el último pedazo de papel que me quede.
Y es que hay adultos -y adolescentes mismos- que me dicen: cálmate, no puede salir mal. No, bueno... Sé que no es el fin del mundo pero fuera extraordinario que alguien pudiera controlar al neurotransmisor que hace sudar mis manos y latir fuertemente a mi corazón.
He de ser sincera: como todo el tiempo, estoy haciendo tormentas en mi deliciosa bebida de chocolate, pero mi manera de ver las cosas se debate entre lo infantil y lo maduro. Por lo que he oído, es más fácil equivocarse ahora que uno es joven que después, cuando las decisiones se ven agotadas con el surgir de las arrugas. En realidad, creo que lo más difícil es vivir ahora sin pensar en el futuro (si es que nuestro dogma es que el destino lo escribimos nosotros mismos). Y es que a diario suceden tantas cosas de las que uno tiene que asumir parte y que hacen que vayan disminuyendo las horas del té y los sueños en vainilla. Pero entonces recuerdo que la esperanza en mí no se ha extinguido y que a penas llevo 17 años en este mundo lleno de novedades y de magia escondida en el césped sin cortar o en las mariposas que aún no salen del capullo. Y es ahí, en ese preciso momento, que siento las ganas de volar, correr y reír.
Y es justamente en ese momento cuando regreso aquí.
La inspiración sigue ahí afuera de mi ventana, en forma de gotas de lluvia queriendo rodar por mi piel y bañarme en sueños. Pero la imaginación se ha convertido en una amiga pasajera que se ha olvidado de nuestras citas entre sueños y de nuestros encuentros en clases. Si alguien la ha visto, dígale que la extraño y que el tesoro que había plasmado en mi cuaderno no es mío, sino un tributo a su existencia.
Con cariño, Esperanza.

1 oct 2013

I'm back.

Hola, mundo.
Hace tanto que no escribo en este blog..., siento que han pasado años pero sólo han sido meses, y qué puedo decir de mí; no he cambiado (o eso creo).
Estoy nerviosa. Realmente nerviosa. El sábado que pasó di por fin las pruebas para el ingreso a la universidad para las que, debo decir, me preparé bastante (aunque sigo pensando que no fue suficiente).
Me han preguntado cómo salí y yo he respondido que "caminando". Es la respuesta más certera que puedo dar. No sé realmente qué tal salí, no recuerdo en este momento si realmente di todo de mí para sacar un excelente puntaje o qué..., sólo sé que estoy aterrada por saber la calificación. Se supone que la dan en dos semanas, pero estoy tan impaciente: quiero que llegue ese día y a la vez no. Quizá cuando suceda se termine mi martirio, y es que para llenarme más la cabeza de ideas negativas estuve leyendo sobre carreras y esas cosas hace un momento. Debo decir que no más de imaginarme cómo será el futuro me sudan las manos. Raro porque justo ahora tengo frío. Pero bueno, vine al blog a desestresarme y a olvidarme que di una prueba muy importante en mi vida (o eso me dijeron).
Desperté esta mañana con la idea de que, en estos tiempos en los que leer se ha vuelto una moda, todos quieren ser escritores. Y no es que yo sea una gran escritora o tenga una imaginación de los dioses, pero llevo desde pequeña en este mundo mágico y creo que es incómodo e innecesario que se marque tan groseramente esta era de la escritura y literatura con, ya saben, la tan mencionada "literatura barata".
Yo he leído varios de esos libros "por probar" y debo ser sincera: antes me gustaban. Pero cuando empiezas a leer textos fructíferos y a analizarlos y reseñarlos, o escuchar las críticas de sabios experimentados que incursionan en estos aspectos, te das cuenta de la realidad y empiezas a desechar todo aquello que parece banal a simple vista.
Cada vez que voy a comprar un libro mi madre me pregunta si no es uno de esos que las niñas de esta sociedad llaman: "un buen libro". Y yo como siempre respondo entornando los ojos porque simplemente no me atraen.
Leí alguna vez, en alguna imagen de esas que ahora publican en las redes los grandes eruditos del amor (nótese el sarcasmo, porfavor), de alguien por ahí que la escritura es como el amor: si no nace no es verdadero, no es único, no llega al corazón del que lo percibe. Y es cierto... Tanto en la poesía como en las novelas una idea única y especial es la que casi siempre cautiva, pero para que sea así esta premisa debe ser valorada y desarrollada con fundamentos. Si tiene que viajar a la fantasía, que lo haga, pero si debe ser realista, que no exceda sus caminos. Yo sé que la imaginación humana puede viajar a mundos fantásticos, y quién sabe cuántos universos hay en realidad a parte de este que creemos conocer, pero muchos nos limitamos a lo cotidianamente inalcanzable. Sí, esa vida que desearíamos tener pero que por desgracia no es nuestra.
Alguna vez quise escribir sobre algo rutinario, pero se volvió tan aburrido para mí misma que desistí. Me gusta escribir poesía aunque no conozco mucho de los más reconocidos poetas. Me gusta escribir mis historias aunque aún tienen un matiz infantil. Me gusta escribir ensayos que luego desecho porque creo absurdos. Me gusta escribir y siempre he pensado que es en realidad una necesidad para mí... Es algo que fortalece mi alma y me ayuda a mí misma a superarme. Pero nunca será una moda, porque a las letras las llevo en la sangre O rH Postiva que corre por mis venas.
Gracias papá y mamá por amar tanto la escritura y la buena lectura. Gracias por haberme tenido.
Al punto que quería llegar es que, si escribir y leer se convierte en una moda, ¿qué será de nuestros hijos en un futuro cercano cuando los conocimientos queden desechados por absurdas peroratas de escritores que no tuvieron más elección que trazar historias para agradar a las masas?
Y bueno, ahí queda la cosa. Si no paso la prueba, seguiré intentando porque de eso se trata la vida, de alcanzar una meta aunque hayas fallado mil. Y además, siempre tendré algún "Érase una vez..." en mi cabeza para plasmarlo en cualquier rincón de este planeta.
God bless U.
Esperanza.

25 jul 2013

Diario, 25/07/2013

Hoy, al subir a la camioneta para ir al colegio, Tefa dijo con pesar "este no será mi día" y yo pensé: "pero llegar tarde al colegio no es señal de mal augurio, a mí me va bien el resto del día casi siempre". Pero en ningún momento pensé en que este iba a ser ese porcentaje tan diminuto que suele contradecirme. Y no es que haya sido un mal día porque he tenido peores, sino que... No sé, ha sucedido tanto desde que me cambié de colegio. Sí, ha sido un gran cambio y no sé si ha sido para bien o para mal, porque aún no veo los resultados pero el proceso no está siendo tan fácil de llevar.
Las pruebas para ingresar a la universidad se acercan y aunque me estoy esforzando no siento que sea suficiente. Sin embargo, eso no es lo que me atormenta. Este nuevo colegio me ha dado mucho que pensar; las personas en él, los maestros, las cosas que suceden ahí a diario. Y no es que medite sobre ellos, sino sobre mí misma. Cosas que nunca se me hubieran cruzado por la mente. Quizás es el nuevo ambiente que me ha abierto un poco los ojos a otra realidad, ya que antes estaba acostumbrada a los mismos problemas, al mismo universo y ahora es como si estuviera sola en un mar de gente. Sí, así.
De verdad extraño mi anterior colegio y me encantaría mucho estar con mi gente, pero también me gusta el de acá. Me sorprende lo que puedo descubrir sobre mí misma allí. He aprendido a aceptar mis errores y a darme cuenta de ellos sin echarme la culpa de una manera tan cruel. Sé ahora qué cosas son adecuadas de decir y qué no, o a sonreír sin motivos o con penas.
Bueno, esas cosas las habría aprendido en cualquier lugar o cualquier momento siempre y cuando representaran un cambio (el cual necesitaba). Pero hay cosas que no voy a aplicar nunca porque la teoría ya la aprendí de memoria.
Siempre me digo a mí misma: "no digas eso"; siempre me recuerdo a mí misma: "no hagas aquello"; siempre me reprendo a mí misma por hacer cosas indebidas. Pero una cosa es decirse a sí misma qué hacer, y otra muy distinta es escucharse, porque en aquel momento que hablamos con nuestra conciencia es cuando dejamos de ser una persona para convertirnos en dos, en ese amigo que necesitamos y que, a absolutamente nadie, le contará sobre lo que pensamos o sentimos; y es en ese preciso instante que empezamos a cumplir el papel del que habla y del que escucha. Es tan triste que sólo sepamos hablar y no escuchar. A mí me sucede todo el tiempo. Me gusta mucho hablar pero no soy buena escuchando, ni a mí misma... Y por eso tantos errores repetidos.
Tal vez sí he intentado escucharme a mí misma, pero es un gran conflicto. Es como si tuviera un botón de apagado y dejo de hacer todo lo que estuviera haciendo, pero se enciende mi modo pensativo y empiezo a verificar cosa por cosa que haya hecho y entonces me siento culpable porque en cada mirada, en cada palabra y en cada gesto ha habido algo que en ningún momento debió salir de mí.
Sigo en lo mismo, sintiéndome culpable pero esta vez conociendo razones. Supongo que es un buen avance, ¿no? Y eso me hace pensar en mantenerme en un estado pasivo para así no cometer esas equivocaciones que no dejan a mi conciencia tranquila (y esta a mí no me deja dormir).
Mañana tendré 17 años y un mes cumplidos y aún no sé cómo se vive la vida. Me siento apretada, y  me gustaría fluir..., que cada cosa que sucede en mi vida fuera divertida o una pasión (¡hasta la tristeza!), y no un motivo de presión. Así siento que se me escapa la juventud en un segundo y no sé cómo hacerle para rebobinar y levantarme tras cada caída en vez de esconderme.
Ha sido bueno escribir aquí. Lo necesitaba.
Y bueno... El día aún no ha acabado y yo aún estoy joven. Mientras tanto que los girasoles continúen siguiendo al sol como los humanos deberíamos seguir nuestros sueños.
Con afecto, Esperanza.

2 may 2013

Primer drama del mes.

Hola querido blog.
Debo admitirlo: hoy estoy triste. No deprimida, no enferma, sólo triste. Sucede que iniciamos las clases, pero, ahora, mi papel es de la nueva ya que me cambié de colegio. Es una presión después de todo. No sé qué pasará después pero quiero llorar.
Extraño mucho a mis amigos, a mis antiguos compañeros y a esos profesores a los que me encantaba tutear y con los que solía bromear. Ojalá acá hubiera pasado desapercibida pero fue imposible y siento como si tuviera que impresionar a mucha gente, y la verdad es que no quiero hacerlo, pero tampoco quiero que me afecte el hecho de que alguien vaya a salir decepcionado.
Qué triste obsesión que tengo con la decepción. Y este miedo por los cambios me veda la tranquilidad. Quisiera estar en mi anterior colegio y poder bromear con mis amigos, sentirme con la confianza necesaria para poder decir algo sin sentirme la rara, porque si era extraña, todos ahí al menos ya me conocían. 
Me siento claustrofóbica, y eso que el curso es muy bonito. Pero no quiero responder a ciertas preguntas ni continuar las conversaciones. Quiero abandonarme a la poesía y la prosa mientras el resto vive su mundo. Siento esta necesidad de encerrarme y no tener que forzar sonrisas o apagar sonrojos.
Sinceramente pensé que sería tan maravilloso como los libros suelen explicar sobre las chicas nuevas en los colegios y las aventuras que hacen de la historia algo tan interesante. Pero la realidad es otra: por dentro, ahí donde está mi corazón, sólo hay tristeza y ansiedad. Las lágrimas y las ganas de no parecer patética luchan por sobresalir, y al final del día sólo tengo ganas de dormir porque ni escribiendo se va esta tristeza. Y es que, acostumbrada un poco a la depresión, la tristeza es más compleja..., porque mañana volveré a estar feliz y me acostumbraré, pero es un cambio de emociones.
...Y los cambios me aterran.
Van a ser las cinco ya. ¡El día se me fue volando! Y mis ganas de escribir otra historia están volviendo a nacer. Por una parte es bueno sentirme así, porque llega a mí la inspiración para escribir, y la magia que se desenvuelve entre mis pensamientos y mis manos en el papel me hacen sentir viva, melancólica, romántica y espontánea... Me siento 'alguien'. Eso haré, escribiré aunque mañana tenga química y el profesor decida preguntarme a mí lo que más he temido que me pregunten este año: "¿Te gusta la materia?", porque me encanta, pero no me siento tan feliz de analizar los libros.
Termino este post con una frase que acabo de leer en una promoción de esas que dan por la calle: "Nunca, nunca, nunca te rindas". Gracias W. Churchill, aunque no te conozca. No me rendiré.
Con afecto y mucho drama, Esperanza.

29 abr 2013

Psicóloga sin respuestas.

Han pasado cinco minutos desde que vi el reloj por primera vez en esta extraña mañana.
Estoy escribiendo desde el laboratorio clínico en el que estoy practicando, y tengo un ánimo tan triste como el movimiento circular del ventilador de la sala. Todos aquí estamos tensos, cada quien con sus problemas. Y no es que los míos sean tan graves, pero estoy volviendo a sentir que voy a explotar.
Hace algún tiempo atrás había decidido que estudiaría psicología clínica. Me interesa bastante y -dicen algunos por ahí- tengo el don para "ayudar", pero la verdad es que ya no estoy tan segura como antes. A veces tengo este debate conmigo misma sobre si hablar o escuchar; asentir o negar. Sí, sigue siendo tan complejo... Y al final termino sufriendo por lo que he escuchado porque simplemente no sé cómo resolver el problema.
Mi madre suele decir: "los psicólogos resuelven los problemas del resto, pero ni saben cómo solucionar los suyos propios"; y confieso que es verdad. Estoy rodeada de algunos psicólogos y es triste su panorama.
Suelo creer que debería dejar libres muchos pensamientos para no sentirme tan saturada como ahora y poder cavilar mis opciones, y sólo hay un lugar para hacerlo: mi diario.
Estoy mirando el ventilador algo mareada por el calor y por el sonido de los papeles rompiéndose, pero en esta pequeña sala me encuentro feliz porque me interesa bastante lo que hago. Descuiden, este es mi tiempo libre.
Espero que tengan buenas tardes y un bonito fin de mes.
Con cariño, Esperanza.

24 mar 2013

Marzo y Mariposas

Hola caluroso mundo.
He desaparecido por un mes y dos días, esto es terrible; y qué decir de mi olvidadiza mente. El último post que hice fue sobre una canción que me tenía por las nubes en aquel tiempo, y no mencioné que ese mismo día mi blog cumplía dos años. ¡Por dios!, mi blog ya tiene dos años y yo aún no lo puedo creer. Y no es que este blog sea famoso, cambie al mundo o sea interesante, porque ¡rayos!, es el blog de una adolescente irresponsable que nunca sube los capítulos de sus ilógicas historias y sólo escribe sobre cómo se siente. Pero vamos, es mi forma de desahogarme y para eso vengo aquí.

Hoy no vengo inspirada para escribir historias. Ya ni recuerdo cómo quería que continuaran las que he dejado empezadas pero ya que pronto se acabarán las vacaciones y empezaré el último año de colegio, así que he decido releerlas para re-escribirlas. Y eso haré, no prometeré porque casi nunca cumplo pero ya escribí así de enorme un cartel en mi habitación para no olvidarlo.

Ahí lo ven bien bonito, pero ignoren el de "TEFA ES FEA (FOREVER ALONE)", aunque es cierto (Te adoro querida prima).
Como decía..., y ya no recuerdo lo que iba a decir. Supongo que se debe a alguna enfermedad amnésica de la que aún no estoy enterada pero de la que vengo suponiendo tener desde hace un año y medio. Debo ir al doctor (o al psiquiatra, sería bueno).
Creo que sólo venía a hacerme presente para no tener tan abandonado al querido blog, y ya lo hice así que ya me voy. Aprovechando el tiempo antes de que la imaginación se vaya volando como las mariposas en verano.
Buenas tardes para todos. :)
Esperanza.

12 ene 2013

Nuevo año... (¡Quejas!)

2012... Como si hubiera sido hace doce días, y ¡oh!, qué graciosa que soy.
Bien, debo aceptarlo: hoy vengo con un ánimo, que ni para las colas. Y qué decir de mi aspecto personal, si me vieran... Pero eso no es lo que realmente interesa en esta ocasión (como si a alguien le llegara a importar lo que escribo aquí). Tampoco es mi objetivo llamar la atención, por cierto. ¡Sólo tengo un blog donde desahogarme porque escribo más rápido en el teclado que en mi cuadernillo de secretos ultra misteriosos! 
Sólo eso...
Me siento pesimista. Y eso que apenas son las diez de la noche por acá. Debería estar feliz, ¡ya es de noche! Pero ni eso me anima...
2012.
El año del fin del mundo, del dragón, de los errores sinfín, de los descubrimientos adolescentes, de las relaciones amorosas, de la polémica adolescente, del Gagnam Style y por último, pero no menos importante, el año de Hope.
Sí, mi año. Y qué agregarle al asunto. ¡Un montón de cosas!
Empecé el año sin llantos, lo cual fue un milagro. Pasé días escribiendo porque la inspiración y la creatividad habían decidido dejar de tomar vacaciones y venir a trabajar por fin (lo cual consideré un buen presagio para aquel año). Empecé a corregir mis historias, escribí unas cuantas nuevas, leí los libros que me encantaban, moría de emoción viendo Death Valley (oh, dios ¡qué malota!), me olvidé por completo que me gustaba un chico, olvidé el colegio, fui yo misma (sin complejos, sin llantos). ¡Vivía mi mundo y no lo compartía más que aquí en mi blog! Recuerdo que en enero estos chicos de El Criti-Cón dieron una crítica a una de mis historias y fue el mejor regalo en el mundo.
Oh dios... Aquellos tiempos. Me quedo embelesada recordando lo bien que se sentía.
Y llegaron los meses en que entraría a clases, mi dios... Segundo de bachillerato y ¡pum!, sucedió lo que dije alguna vez que nunca sucedería: me enamoré. Ya saben, la típica que dice: "¡Yo nunca me voy a enamorar!" (sí, mi querida Margoth (si es que estás leyendo esto), con ese tono fresa del que tanto te burlas), y la misma chica que al año termina arrepintiéndose de lo que dijo porque, ¡oh sorpresa!, sucedió. A menos que sea lo suficiente orgullosa como para ocultar los sentimientos -lo cual no fue mi caso-.
El punto es que viví meses hermosos, aunque conflictivos en ocasiones y algo dolorosos, pero y qué, fueron maravillosos.
Me peleé con mis mejores amigos, con él, con mi familia, con gente que ni conocía, con los amigos de mis amigos, con los amigos de él, ¡hasta con mis gatos, Dios! Y lo peor es que no me supe defender nunca, y los aruñones en mis piernas y brazos lo comprueban. Pero ya, dejando mis bromas aguadas y de mal gusto de lado, llegué a adorar tantos momentos como a odiarlos también, pero así fue. Pensé que quizás porque era un año de descubrimientos para mí sería distinto: dejaría de guardarme ciertas cosas y de decir lo correcto.
¡Ne! No, not, nou, nada. En vez de decir cuando me sentía lastimada a quien debía, lo lloraba y pues, las personas que me rodean no necesitan escucharme hablar para notar en mi aura que estoy mal (pinche libro abierto, quienes les sucede lo mismo me comprenden) y terminaban haciendo algo por mí, lo cual agradezco mucho, pero tal vez no fue no lo correcto. Al rato cambiaba de opinión y parecía una callada suicida alejada del mundo exterior. Carajo, ¡me llegué a odiar! Pero no era por alguien, un nombre, una persona o muchas personas. Fue por mí.
Bien dicen que Cáncer no aprende nunca la lección, por más que la de sesenta veces...
El punto es que me sentía culpable y mal conmigo misma, y así ¿cómo podría solucionar el lío que yo misma creé a mi alrededor? Para empezar, debí haber sido sincera conmigo y con los demás... Pero me adelanté a pensar por muchas personas y por eso escondí ciertas cosas en mi adorable cerebro para no lastimar... ¡Otra vez sorpresa! Logré herirlos.
Me siento una hipócrita de lo peor... Ingenua niña "tierna"...
Callé, dije lo que pensé que querían oír de mí, me cerré intentando ser perfecta y... por suerte aún no he perdido mi esencia, quien realmente soy, pero actué como si utilizara una máscara. Y esta era frágil, se empezó a quebrar poco a poco y aquellos a quienes quería impresionar se empezaron a dar cuenta de cómo soy. Pero eso no era agradable, porque intentaba colocar las piezas de la máscara en su lugar y esta se mezclaba con la piel, ¡era un torbellino confuso de personalidades!
Para resumir: dejé de ser como era y ya ni sé cómo actuar ante cualquier situación. Aún debo aprender que no necesito llamar la atención de los demás o caerles bien, sólo ser yo (claro que recordando mis principios, moral y valores).
Con todos los errores que cometí ya debería ser yo maestra y tener un diplomado en "piedras y raspones". Y bueno, ni sigo con el tema porque no tiene un final feliz. Me encantaría decir que, sí, como en las típicas novelas (fics, historias, etc...) yo, la problemática adolescente, se equivocó, se sintió la culpable, la perdonaron y ella supo cómo defenderse y continuar sin caer en aquel error. Quizás hasta donde dice que me perdonaron es cierto, el resto... Se atascó una piedra llamada "DEPRESIÓN-IDIOTEZ-INMADUREZ-BAJA-AUTOESTIMA-EXCESIVA" haciendo que se repitiera el ciclo sólo hasta el perdón. Y eso no es nada justo para los demás.
Pero bueno...
Se escapó mi gata. Sí, mi adorada gorda Chimuela-Nihao, y dejó a sus cinco gatitos a la intemperie. Me hice cargo de ellos, pero murió la menor. ¡La atropellaron! Aquello fue como perder a un hijo. Y sin bromas lo digo: una desgracia para mi familia.
Dejé de escribir, olvidé mi blog, me vicié con las redes sociales pero detuve este mal antes de que me mandaran a Viciados Anónimos, dejé de comer, bebí por primera vez en mi trayectoria ¡coctel!, y tomé una decisión importante que quizás cambie mi vida para siempre... Terminé con todo. Ah, y me enfermé como nunca.
Lo más triste fue al final pero ¡hey!, el 2012 ya terminó, se murió, se apagó, quedó en la historia, fin. ¿Para qué hablar más de ello?
Así que... este es mi primer post del 2013. Es extraño escribir este número, y debo admitir que es la primera vez que lo hago. Estoy en el club de "los corazones sin etiquetas" (nombre provisional que le he puesto al club que fundamos con mi amiga Nia, para los que no estamos preparados para sentimientos fuertes). Me siento pesimista, sarcástica, amargada, inspirada, fuerte, con muchas ganas de tirar el celular por el balcón, y con ganas de resolver el Álgebra también (ya empecé).
Y vuelvo a lo mío... la escritura. Porque dije que si un día me faltaba no sabría qué hacer. Con esto me desahogo y es mejor que el chocolate, sinceramente. Para terminar... este año prometí omitir los 'peros' en mi vida, así que espero que me vaya bien.
Bueno, a dedicarle algo de tiempo al 2013 y a estudiar... Me cambio de colegio este año (y eso que ya es el último antes de ir a la Universidad) y tengo que reponer todo lo que no hice en el anterior
Oh, God... ¡La chica nueva, miren cómo muero de nervios!
Así que... Goodbye Cold World~ (Una mala parodia mía de la canción "Hello Cold World" de Paramore).
Con aprecio, Esperanza.

PD: ¡Me corté el cabello! ...el año pasado. Fue una locura pero adoro cómo me queda, sólo que no entiendo el manual de cómo tomarse una foto frente al espejo.
PD2: Y no niñas, no soy fea.

13 dic 2012

Tristeza, realidad.

Ser joven y sentir que el día se apaga, y que la noche no resplandece como antes es deplorable.
Soy joven y es lo que siento... 
Por dentro, y gracias a mis ojos, lo único que veo es tragedia y dolor. Es como una cruda tempestad que va levantando todo a su paso y deshaciéndose de mis cosas, dejando todo un desastre cuando por fin se aleja. Pero no hay esperanzas porque tampoco se va esta tormenta; regresa y empeora a cada instante. No es piadosa ni por un momento y está sorda, porque no escucha mis súplicas. ¿Quién dijo que una tormenta puede escuchar? Sólo mi fantasía me permite creerlo...
Meditando hace algunos días, llegué a la conclusión de que la fantasía en la que me sumo en ocasiones es bella, me dopa y hace del dolor nada... Es indescriptible y adictiva. Es no vivir la realidad, soñar y soñar con que las cosas estarán siempre bien, con que el sufrimiento no existe -a pesar de que lo menciono y está presente por ese mismo hecho-, y lo mejor... Es mejor que la realidad.
Pero es triste..., porque a pesar de que me adormece, no tiene el mismo efecto satisfactorio cuando es la hora de despertar; es como que anestesien a una criatura durante el día, y al acabarse la medicina, tome conciencia del lugar en el que se encuentra y, una ciudad destruida, personas muertas y piedad gritada a los cielos sea el único panorama que le toque vivir.
Disculpen mi ejemplo, no es la realidad que estoy viviendo, pero la desesperación por salir de este lugar es algo parecida...
Entonces se abren mis ojos, y aun así no soy capaz de observar, sólo veo... Y está nublado pero noto en sus rostros la decepción y la lástima. No son todos, sólo quienes no saben de este corazón, los que aún no comparten esta pena, de la cual no quiero hacerles partícipes porque temo a su reacción.
No es agradable estar así, pero cuando sólo cierro los ojos y vivo mi cuento de perfecta armonía, está ese leve dolor, esa tristeza innata que no me deja dormir, pero sin la cual no sabría vivir, y es lo que hace que quiera permanecer allí, aunque no cause más que daño.
No me considero masoquista porque quizás no lo soy, es mi forma de ver ciertas cosas; o quizás estoy demasiado sumida en esto, demasiado obsesionada con este estilo de vida a la que nadie me ha obligado a vivir, pero es difícil deshacerse de esto y tampoco quiero hacerlo.
La fantasía y la realidad no son malas en ningún aspecto, tampoco son un error... Lo que desequilibra es estar en esa fina línea entre ambas, porque, o es una o es la otra..., sino; ¿es esto vida? Entonces llego al punto en el que el caos causado por estar en medio de ambas es peor que el silencio eterno, porque allí al menos no habrá nada que decidir.
Se escapó mi inspiración y con ella la creatividad de mis manos, de mis ojos, de mi mente... Alguna vez le dije a un amigo: "no dejes que la inspiración se vaya, atrápala que aún no es tarde". Tan sólo espero que para mí no lo sea.
Estoy permitiendo a mis lágrimas causar un revoltijo en mi alma y secarse en ella. Lo considero una tontería y algo triste, porque adoro llorar, pero no puedo vivir del cristal triste que emanan mis ojos, aunque lo desee.
Lo bueno de este día ha sido que finalmente ha llovido y hay una estrella en el firmamento, cumpliendo un deseo. Hasta aquí llego, con Il Mostro endulzando mi fría noche y con la esperanza apagada, porque aunque me convenza de lo contrario, ya no tengo fuerzas para creer (sin embargo, un delgado hilo me mantiene colgada, unida a la fe. Ojalá no se rompa...)
Felices días de oscuridad. Pronto saldrá el sol y las dudas serán despejadas para quienes acepten desprenderse del vicioso daño buscando el camino correcto...
Anhelante y viva, Esperanza

24 sept 2012

Musa's first love..

Siempre he escuchado decir a muchas personas: "un día podemos perder lo que más queremos", y la verdad es que.. como me sucede muy a menudo, no le doy importancia a estas oraciones por el simple hecho de que no  me ha pasado... Ahora supongo que debí haber escuchado.
Muchas cosas sobre el amor me confunden... aún. No estoy segura de su verdadero significado, no sé si alguna vez he amado, no sé si es sólo un mito como muchos afirman, o es un sentimiento que se alcanza con los años... ¿Amor? Sólo sé que mi corazón late muy fuerte, ya se han de imaginar...
Como todo ser humano, estoy aquí en la Tierra para experimentar muchas emociones, situaciones y sentimientos. Sé que no he vivido lo suficiente como para decir: lo he visto todo; pero admito que sí  me he enamorado.
Cabe mencionar que para los años que tengo (no son muchos, por cierto) ha sido la experiencia más linda y conmovedora por la que mi corazón ha pasado. Obviamente, ha tenido sus pro y sus contra, pero aprendí muchas cosas desde la perspectiva de unos ojos tiernamente enamorados. Al principio parecía que nunca acabaría, que sería para siempre; las noches se vuelven melancólicas pero románticas, y los días son perfectos para admirar el cielo azul, para sonreír y cantarle al mundo... Para compartirles nuestra alegría.
Experimentando esas emociones, deseaba que los problemas, las tristezas, o las demás situaciones no existieran. El mundo se vuelve colorido y algo dependiente del de la otra persona... Cada canción, cada película, cada imagen cobra un sentido propio. Nos quedamos vagando en esa línea de pensamientos donde sólo existe ese otro ser que nos complementa, y nuestros sueños llegan a tener nombre. Los suspiros y las miradas felices son inevitables, y qué decir de los momentos en los que no están juntos los corazones. Se vuelve trágico, pero la espera siempre vale la pena.
Sonrisas, abrazos, miradas cómplices, largas conversaciones hasta la madrugada, promesas, fotos, besos, recuerdos, regalos, un futuro anhelado... Estrellas.
Quizá me quedo corta de palabras, porque es más que eso... Además, para mí es extraño hablar sobre esta situación en mi blog, por lo que no soy tan detallista. Lo importante es que muchos comprenderán la inmensidad del sentimiento al leer estas palabras, y quién sabe, sonreirán, recordarán o tan sólo negarán; no los juzgo, cada quién es dueño de su forma de pensar.
Pero, como decía, también tiene sus contra. No todo suele ser alegría. Hay discusiones, hay desacuerdos, hay momentos en los que desearíamos ser más fuertes de lo normal para afrontar lo que se viene. Pero si se trata de dos, creo que ambos lo superarán JUNTOS a pesar de lo que suceda. Esa es la magia del amor ¿cierto?
Sin embargo -y a pesar de todo lo vivido- las cosas llegan a su fin. Creo en la eternidad, realmente, pero últimamente me aferro a esta ley de la vida. Como decía..., aún cuando puede parecer un cuento de hadas, o una experiencia hermosa, se acaba. Y en muchas ocasiones hay más de un corazón roto, sueños truncados y recuerdos hirientes, pero hay que aceptarlo (como me han enseñado). Y seguir adelante.
Dar libertad cuando hay felicidad es amor. Pero si ambos corazones se desean mutuamente todavía, es justo que se reencuentren, ya sea el destino o uno mismo el causante de esto.
Y si no llegan a reencontrarse... Vendrán más corazones que recojan los pedacitos del que se quebró, y se encarguen, con mucha paciencia y entrega, a poner las piezas en su lugar, aunque sería más reconfortante que fuera el mismo corazón que lo quebró, ¿no?
Para mí, un corazón roto no significa muerte, no significa miedo y rechazo, no significa resentimiento... Esas son las ilusiones rotas. Un corazón roto es una muestra de la fragilidad del sentimiento humano, que fue capaz de sentir algo tan inmenso como es el amor, pero creció tanto que se rompió en mil pedazos. Es que cuando el amor es mutuo, los corazones intercambian su esencia, equilibrando los polos, por lo que ser el único que guarde tanta ternura y pasión sin poder entregárselo a quien ama (porque este no corresponde) cierra sus ventanas y puertas, ahogándolo en su propia esencia.
Pero el corazón nunca deja de latir... Pese a estar en ese triste estado, sigue derrochando amor entre las lágrimas que derrama. Entonces, si nadie lo recoge, tendrá que superar el dolor para seguir viviendo la vida.
A mí me gustaría estar en la primera situación, en la que ambos corazones se reencuentran, y sinceramente, no he perdido mis esperanzas.
Una estrella aún me debe un deseo.
He llegado al final de este post con la última de mis lágrimas por esta noche rondando por mi mejilla. Es hora de darle un descanso a la mente y permitirle pensar con serenidad el día de mañana. A quienes leen esto, dulces sueños.
Con cariño, Esperanza.

11 sept 2012

Hoy.

11/09/2012
Seré sincera... Ya no sé qué hacer.
El día de hoy tengo el corazón roto en mil pedazos. Estoy angustiada, triste, incomprendida, llena de dolor... Hoy siento que ni mis propios consejos funcionan. Hoy tengo ganas de cerrar los ojos y volverlos abrir el próximo septiembre. Hoy ya no puedo más.
¿Saben? Es triste decepcionar. Creo que lo he dicho siempre, porque es mi mayor problema. Sin embargo hoy... Hoy es totalmente diferente. Las cosas se me fueron de las manos. No hay nada que decir, es cierto, cuando lo pierda todo definitivamente, lamentaré demasiado.
No soporto mis lágrimas. Estas ruedan pero ya no causan ese efecto relajante y satisfactorio que antes provocaban en mí. Lo más trágico es que ni la música me ayuda... Intentaré con mi piano, quizás eso sea bueno.
De pequeña me enseñaron que cuando ganas, pierdes algo del mismo valor, y no necesariamente hablo del dinero. Una vez mi prima Tefa encontró... mentiría si digo que fue una peluca, porque no recuerdo bien, el punto es que se le perdió su pelota playera favorita en el mismo instante, y esa fue nuestra enseñanza del día. Desde ese tiempo conozco y me apropié de esa ley.
Ahora, he ganado algo muy valioso..., y aunque duela decirlo, estoy perdiendo muchas cosas del mismo valor. Pero yo puedo seguir adelante...
Tengo miedo de publicar esto, porque mis palabras pueden ser mal entendidas y pueden provocar otro caos, sin embargo, no puedo quedarme callada para toda la vida...
Hoy no tiene un tema en específico este post, sólo son mis pensamientos sin orden que necesito expresar para no asfixiarme.
Buenas noches, mundo.

21 ago 2012

Forgive me.

Hola mundo.
No sé si debería decir: disculpen por no escribir otros temas (mis historias y eso), y también disculpen que no las haya continuado, últimamente no tengo imaginación. ¿Será que llevo cuatro, cinco meses que ya no escribo? Para mí es demasiado. Extraño tanto usar los guiones largos, crear las emociones, desarrollar una historia, cautivarme en mi propio mundo. No lo niego, lo he intentado muchas veces pero lo único que consigo es prosificar un pensamiento sin coherencia alguna. Y prefiero mil veces cerrar la ventana de Word o mi cuaderno que escribir algo que no vaya a satisfacer mis expectativas o de los que me leen. Pueden llamarlo un capricho mío el querer escribir algo que agrade, pero -quizás- sólo mis amigos escritores han de comprender lo que siento en esos momentos en los que la inspiración toma sus vacaciones y la imaginación se encierra en un hotel con piscina, aguas termales y servicio a la habitación. Sí, sin ganas de nada. Obviamente, puedo escribir -aunque carezca de mis adorables recursos- pero al revisar lo que he elaborado, y al momento de postearlo, queda un vacío que sólo desaparece cuando el escrito queda como nosotros lo deseamos.
Y hasta ahora, busco la razón por la que la imaginación me ha abandonado. Estaba suponiendo que era por el colegio, pero las tareas no han estado tan pesadas. Recién en esta semana se me está complicando la existencia en la secundaria por los exámenes que empiezan mañana (debería estar estudiando) y los cuadernos que están en blanco (necesito un conjuro mágico para que se llenen solos).
Sin embargo no es eso. El colegio nunca ha sido gran impedimento para escribir, porque escribir es mi gran pasión (no sabría decir si antes o después del teatro, ambas son especiales para mí). Sé que hay algo más, tan sólo no puedo descifrarlo.
Así que... a los que me leen, disculpen la demora. No prometo escribir capítulos de las historias o fechas futuras, porque quizás me falle la inspiración. Pero sí hagan barra para que vuelva a crear pronto, eso sería bastante bueno para mí.
Y bien...
He estado pensando que, como a todo ser humano, se me ha dado la oportunidad de recibir muchos regalos en esta vida. Lo admito, son regalos realmente hermosos, dignos de valorar y que desearía conservar para la eternidad. Pero la vida no es sólo dar y recibir, hay que aprender y para profundizar las tantas doctrinas que la vida tiene preparadas para mí, debo cometer errores, errores que toda persona podría tener. Claramente, como cualquier individuo, tengo temor a las equivocaciones, pues se juegan muchas cosas cuando es momento de decidir.Y justamente esas cosas que tememos perder, son esos regalos especiales de la vida.
Los amigos.
Nuestras acciones no siempre serán erradas ni tampoco las correctas. Para nuestra desgracia, esto depende de la perspectiva de cada uno. Cada persona es un mundo aparte, con creencias, y personalidades distintas. No a todos les gustará lo que hacemos. Habrán quienes nos apoyen, quienes sólo callen y asientan, y quienes protesten; a quienes heriremos. Pero no somos perfectos. Y sé que todos esos ejemplos perdonarán nuestras acciones e intentarán comprendernos. Sin embargo, el alma tiene un límite para soportar todas estas decepciones que causamos. Y cuando se llega a esa barrera, es difícil que las cosas vuelvan a hacer como antes eran  (las personas pueden ser amables y comprensivas, pero no toda la vida soportarán desilusiones). Entonces, buscamos la manera de arreglar la situación, de recapacitar y no volver a cometer los errores. He ahí, el momento en que aprendemos una enseñanza de la sabia vida.
Algunos ganaremos experiencias, y conservaremos nuestro regalo por mucho tiempo más. Pero habremos otros que de tanto insistir en el mismo desacierto, aprenderemos la lección... perdiendo lo que más atesoramos.
Y duele. Duele más que las lágrimas que podamos derramar, duele más que nuestro triste lamento, hieren los recuerdos y le típico "¿y si...?", ese que tanto nos atormenta. Lastima y rasguña el alma, quebrantando los anhelos y las esperanzas, dificultando la tarea de levantarse de ese hoyo y continuar.
Hay quienes terminarán con esto, de una forma fatal. Sin mirar atrás y cegándose en su dolor. 
Guardo una sincera plegaria por ellos.
Y también estarán los que soportarán la pérdida y se decidirán a continuar, con el vacío en su interior, pero dispuestos a recibir un ápice de alegría. Me alegro por ellos, porque suelo decir que... «siempre habrá una estrella brillando en el oscuro firmamento», y el querer seguir es suficiente razón para ser premiado nuevamente, tan sólo hay que tener paciencia.
En mi caso, no sé cuántas veces me he equivocado, ni cuántas veces he hecho las cosas bien. Y eso no es lo que me interesa, tan sólo espero que después de que este vacío desaparezca de mi pecho, vuelva a caminar con la sonrisa que me caracteriza, ganándome, con mis acciones, lo que he perdido.
Debo decir...
Perdón por lo que no te ha agradado de mí -y no estoy siendo sarcástica ni irónica-, perdón por fallarte. Perdón por lastimarte, perdón por haberte decepcionado. Sólo perdóname.
Esta noche la luna se ve hermosa, aunque no está llena. A través de mi ventana me está transmitiendo la sonrisa que he esperado desde hace mucho (quizás esto suene ilógico, pero no para una persona tan fantasiosa como yo).
Mañana será otro día, y aunque me vuelva a caer, seré fuerte, y me levantaré.
Con adoración, Esperanza.

Pd: los equivocados también necesitamos apoyo, sino, no podríamos ser lo suficientemente valientes como para mejorar.

5 ago 2012

¿Qué puedo hacer?

¿Alguna vez les ha pasado que... quieren ayudar a alguien, pero simplemente no pueden? Esa impotencia increíble y el nudo en la garganta por las lágrimas de ira y dolor... ¿Les ha pasado? 
Si es así, quizás se sientan identificados conmigo en este momento.
Hay personas en este mundo que, con una fuerza increíble, logran introducirse en nuestros corazones dejando su marca, una realmente difícil de borrar. Es decir, de entre millones de seres habitando este planeta, ellos son quienes viven el día a día con nosotros. ¡Sorprendente! Podrían ser otras personas, pero no, ¡son ellos!
Y todo comienza de una manera común, una mirada, una sonrisa, un "hola", un estrechón de manos, un "¡ten cuidado por donde caminas!", un "disculpa ¿podrías ayudarme?", o hasta un "¿me podrías dar la hora, por favor?" Entonces, un sentimiento de simpatía se apodera de nosotros e inevitablemente la conversación se alarga..., sin ningún pretexto más que conocer a ese individuo y no estar solos porque ningún ser humano, aunque lo niegue, quiere estar solo.
Y lo que sigue, ya es cuestión del tiempo y las vivencias compartidas. Sin que nos demos cuenta, hemos encontrado un amigo, un hermano, una pareja. Una persona en particular que nos llega a conocer más que nosotros mismos, que sabe de tu pasado como si hubiera estado en él, que te apoya, te llama la atención, te aconseja, con la que te sientes en confianza de contar un secreto. Y tan sólo una mirada basta para saber si estás feliz, o triste. Si te incomoda su acción o si te emociona.
Para mí resulta grandioso e inexplicable, aunque para los creyentes de la reencarnación, el sentimiento de simpatía entre dos seres que recién se conocen se debe a la conexión entre sus almas a causa de vidas anteriores. Interesante ¿no?
El punto es que, nos hacemos inseparables de esas personas. Conocemos de su vida, de su dolor, lloramos sus pérdidas, sonreímos sus logros, vivimos alegrías, peleas, unión, depresión, y momentos inolvidables que vamos guardando en el álbum de recuerdos que nuestra mente conserva en algún recóndito lugar. Nuestro corazón se llena de paz...
Pero no todo es felicidad, como lo decía, y lo sé. En ocasiones llegamos a un punto en el que sucede algo que lastima a ambos seres, y los hace partícipes de una discusión sin límites. Ni las propias palabras pueden ayudarnos a solucionar este conflicto. ¡Es.. complicado de explicar! Cuando algo molesta a esa persona acerca de nosotros y, la distancia y las circunstancias son factores que nos impiden arreglar el problema, es difícil no sentirse impotente.
De la noche a la mañana las cosas cambian, y nos preguntamos: ¿qué sucedió? ¿Qué cambió? Y más que nada ¿por qué? Sin embargo, no encontramos respuestas porque lo único que solemos escuchar de esa persona es "tú sabrás tus errores". Pero estudiamos nuestro comportamiento, y no encontramos algo que -según nosotros- pueda lastimar a ese ser especial. ¿Entonces?
Insistimos, cegados por el dolor de saber que podemos perder a esa persona, y lo único que logramos es distanciarnos más, si es que no lo arreglamos.
"No quiero saber nada más de ti".
Las palabras más dolorosas que he podido escuchar. Y ahí parece terminar todo. El mundo se nos viene abajo, aunque sea por un mísero segundo. Las imágenes de los momentos más bonitos llegan como un flashback lastimándonos más. La palabra "perdón" suena vacía de tanto que la hemos utilizado. El "no lo volveré a hacer" se siente como una promesa más sin validez alguna. Y el "todo estará mejor" suena a consuelo barato.
Admiro a quienes pueden arreglar conflictos, a quienes pueden comprender a los demás. Y me compadezco de quienes "no han vivido lo suficiente" como para entender al resto.
Ellos sí se han de sentir impotentes. Vivir una vida alegre, sin perjuicios y que su amigo la esté pasando mal después de tantos años de dolor, que la gota que colma el vaso de su sufrimiento sea la decepción que causa en él o ella. El no saber cómo ayudarlo porque sabe que no todo estará bien, sabe que esa persona no le creerá que después de tanto dolor vendrá la felicidad, porque simplemente no le ha llegado nunca. Y que el ingenuo que no ha vivido nada esté a su lado para apoyarlo, no es suficiente como para mantenerse vivo y continuar respirando...
Qué triste.
Impotencia, dolor e ira es lo que ha de sentir ¿no? Ser el único que conoce de su padecimiento y no poder ayudarlo, porque no ha tenido experiencias como para comprender al agonizante, al que la vida ha maltratado...
Entonces ¿qué puede hacer?
Escribí este párrafo confundida. Mis ideas se deshacen en un mar de lamentos y desesperación. No sé si concuerdan las frases, si la ortografía es correcta, si entendieron lo que quiero expresar. Pensé que después de escribir, me quitaría un peso de encima. No ha sido así. Ahora estoy más confundida y quiero responder la pregunta que yo misma me hice:
¿Qué puedo hacer?
Intento adentrarme en aquella piel y sentir el ardor de la decepción, del odio y la ira. Pero no puedo. ¿Y lo más doloroso? Estar sentada aquí, mirando a través de la ventana, esperando un milagro, porque sola no puede hacer las cosas...
Esperanzada, Esperanza.

4 jul 2012

Diario, 04/07/2012

04/07/2012
Estar inspirada en momentos tristes es... Curioso.

Hay personas que desearían no haber nacido, pues su mundo es algo... complicado. No sé si es por la suerte o el destino (sigo pensando que son dos cosas muy diferentes) pero la mayoría de cosas negativas llegan a ellos como una rutina por vivir. Y aunque digan siempre que están acostumbrados, siento que no. Aún es difícil pasar por cada cuestión sin poder rendirse.
Si se me permite... Creo que esta suerte es algo extraña. Porque siempre he pensado que después de lo malo viene algo bueno. Y cuando todo brilla, habrá una mancha que opaque aquello. Es una ley de la vida, o al menos una en mi vida. Como decía, es raro, ¿no? Porque... ¿Se puede vivir siempre en un estado anímico melancólico y tragedias al rededor? Sé que si intento responder esa pregunta me confundiré con las muchas respuestas que en estos momentos llegan a mi mente.
Pero lo diré, porque hay una sola respuesta que chispea en mí: no. No es posible vivir así todo el tiempo... 

¿Han observado el cielo nocturno? Oh, disculpen mi pregunta, hay quienes no lo han hecho. Decía que... El cielo nocturno es oscuro, pero tiene un deje de claridad que lo hace mágico, y triste a la vez. Hay noches en las que las estrellas son visibles y se ven sublimes, hermosas... Hay otras en las que no, por las espesas nubes que las tapan.
Menciono al cielo porque lo comparo con la vida gris de varios: las estrellas vienen a ser las "escasas" alegrías que siempre se asoman. Ahora, imaginemos como si la vida durara solo un día. Y quedémonos en la noche; dura bastante según el tiempo que he dado. Ese de ahí, es el momento en el que muchos nos encontramos, abatidos en un abismo que parece eterno, profundo y sin salida. Siempre será así de negro mientras se prolongue. Entonces poco a poco se asoman las estrellitas (son pequeñas en comparación al firmamento) y ante nuestra vista aparecen y desaparecen a cada momento. Pero aunque no lo queramos, están ahí siempre. Desde el crepúsculo hasta el alba. Tal vez no nos demos cuenta, será porque nos ensimismamos en cerrar los párpados que caen pesados por el sueño, el dolor... o quizás las vemos, sonreímos, y las ignoramos. No las apreciamos realmente como debería ser. Y se apagan, para nosotros. Pero lo he dicho: están ahí. Como las personas que giran en nuestro entorno, haciéndonos saber que están con nosotros, aunque no lo queramos. Es por eso que no se puede vivir siempre triste, ni en la tragedia eterna  -porque no existe.

Y finalmente llega el amanecer. Nos cuesta despertarnos, lo entiendo, pues acostumbrarse al cambio es difícil, pero el pie izquierdo cae antes que el derecho; nuestro ceño fruncido y el mal humor decorando nuestra aura. Y cada cosa que sucede en el día, es tan insoportable que la mañana parece empeorar. Bueno, así sucede en ocasiones.
La noche, la tragedia, pasó. Ha salido el sol, lo que significa, en mi mundo, que lo malo ha acabado y lo bueno viene ya. Sin embargo el día culmina como empezó, con el único deseo de agarrar la tijera y cortar el sedoso cabello café. Sin esperanzas de ver el cielo nocturno otra vez, ni el sol radiante que tan solo parece burlarse de nuestro estado...
O es lo que pensamos, porque... No es el destino, ni la suerte los que se han empeñado en traernos las cosas malas a nuestra vida, somos nosotros mismos los que pensamos cada segundo con una ceguera única e ilógica, que no nos permitimos ver las estrellitas bailar a nuestro alrededor, ni lo pintoresco que se ve el cielo a primeras horas de la mañana.
Quiero decir, somos los únicos que podemos cambiar aquello y no lo hacemos...
Porque lastima tanto, que es difícil ponerse a pensar lo que debimos haber hecho, debemos cumplir, y tendremos que hacer. No es porque seamos inmaduros, o quizás sí, pero es que... ¡es tan pesada esta carga que llevamos en los hombros! Carga de sentimientos, emociones, recuerdos, tormentos... Y lo mejor parece ser la salida fácil. Esa de pensar que somos un estorbo para el mundo, y luego, atentar con la vida que se nos brindó.
Es tentadora la idea. No requiere de mucho esfuerzo, más que de desprenderse de lo que alguna vez brilló para nosotros con la esperanza de hacernos sentir mejor.
Hoy, supongo, me encuentro en esta posición. Inestable entre la razón y la locura. Entre la espada y la pared. Y me gustaría tanto lanzarme hacia al frente para ser atravesada por esa espada y caer contra la pared, para apagar este dolor. Aun así, hay algo que mi corazón dicta...
"El dolor se irá, pero tu felicidad lo acompañará".
Con afecto, Musa.

29 jun 2012

Diario, 29/06/2012

29/06/2012
Hace un momento leía los primeros capítulos de "Sólo un minuto más" y vaya. Son tres meses ya, que no escribo esa historia. No sé, la depresión de repente desapareció. La escribía porque necesitaba desahogarme, y no es que sufriera el mismo problema que Valentina, Marcos, don José, o cualquiera que habita ese mundo de melancolías y letras llenas de dolor y alegrías. Tan solo sentía dolor, y de alguna manera tenía que dejarlo ir.
Sí, escribía cosas trágicas y complejas porque mis sentimientos me ahogaban por cosas insignificantes. Ya sabemos, la adolescencia y sus peculiaridades. A veces me gustaría no ser una adolescente por estas cosas, pero, ¡rayos!, no hago caso al pensamiento porque sé que pronto pasarán.
Como decía más arriba, esa tristeza desapareció cerca de abril... Los primeros días. Abril abrió la portada de una nueva historia, pero una que se vive hoy. Sí, siempre he dicho que las historias que se escriben se viven, también. Pero esta es en carne propia.
No diré nada más.
Sólo sé que hoy quiero llorar. Soy humana, todos somos humanos, todos cometemos errores. Pero es difícil. Es decir, experimentar los sentimientos de tus propios personajes.

Cuando escribo... Imagino lo que ellos han de sentir en las siguientes páginas. Solo cierro los ojos y mis emociones cambian, mis ojos se pueden llenar de lágrimas y mis mejillas se pueden poner pálidas, como también puedo sonreír y cantar de alegría... Es realmente fácil, al menos para mí, y sé que para mis amigos escritores también, porque ese es el don de la escritura, sentir lo que trazas con palabras y emociones que en algún lugar y tiempo, alguien ha de estar sintiendo.
Pero todo cambia cuando lo vives en carne propia.
¿Sabes? Me divierto haciendo que mis personajes se metan en problemas -aunque no siempre son tan complejos como he leído en otras historias, me da pena escribir algo así porque nunca he vivido tales emociones-, que cometan errores, que hagan sentir mal a los demás, que simplemente sean humanos. O al menos lo intento. Sin embargo, cuando soy yo la que está en su lugar, la incertidumbre de no saber cómo terminará mi día, mi historia, me molesta demasiado, especialmente porque soy impaciente y... temerosa.
El miedo es realmente doloroso. Porque sé que esta es una historia que yo puedo manipular, pero no como lo hago siempre al escribir. Yo no puedo borrar las palabras, tampoco cambiar los sentimientos y consolar al dolido personaje principal. No soy yo quien maneja sus pensamientos ni su forma de ser. Y eso es lo doloroso. Porque el miedo de perder algo o alguien es inmenso, ¿y qué si las cosas quedan así? ¿Y si no logro arreglar mis errores? ¿Y si sus pensamientos no cambian? ¿Y si debí haber hecho lo contrario? ¿Y si...?
Son muchas preguntas, realmente. Mi cabeza está hecha un lío ahora mismo.
Sin embargo, solo puedo cambiar a una sola persona: yo. Porque soy yo la que vive ahora mismo, soy yo la que está pensando esto antes de escribrirlo, soy yo la que siente esto, y soy yo la dueña de mis decisiones. Aun así, me siento impotente, porque no siento fuerzas, porque estoy débil, porque no confío en mí misma: siento que cualquier cosa que haga no servirá.
Pienso en esto y me digo: estás actuando como una estúpida.
Pero ya siento que los sentimientos están cada vez más pesados y no puedo cargar con todos ellos. Sé que las otras personas tampoco pueden, pero lo hacen, y es por eso que no encuentro una solución a esto. Intento descifrar lo que vendrá a continuación, cuando la página del libro dé la vuelta. El futuro puede ser tan impredecible, asombroso y tenebroso.
Y... El tiempo se vuelve tan largo cuando estoy así. Las horas pasan realmente lento... Y el ardor continúa, cada vez más fuerte. Supongo que eso es lo interesante en la historia. Siempre es así cuando leo lo que escriben, lo que escribo. Quisiera saber qué seguirá, estoy impaciente. Pero no puedo, y eso es tan molesto. Quiero comprender esto, pensar bien las cosas y hacer lo correcto. Eso es lo que hace el personaje principal siempre, ¿no? Termina haciendo lo correcto, aunque los demás no lo quieran admitir.
Hay... hay personas que ven esta historia, no la leen, pero son partícipes de ella, y son quienes dan su criterio, quienes comentan "oh, pero qué ingenua", "¡ten orgullo!", "¡es tan adorable!", "te apoyo...". Pero sus pensamientos me confunden más. Porque aquí, las emociones cambian a cada rato. Turbulencias de anhelos, lágrimas, sonrisas, me marean. Y me debilitan. Aquí es cuando dan ganas de arrancarse los cabellos y gritar para que todo se calme. Permíteme, Valentina, comprenderte.
Pero, soy fuerte. Lo soy y es por ello que seguiré, porque quiero ser el personaje principal que continúe para saber lo que vendrá en el siguiente capítulo.
Tal vez le pueda llamar a esto masoquismo. Pero me gusta pensar que son las fuerzas que vienen de golpe.
Ahora, mi duda: ¿soy yo, o el destino quien escribe este cuento?
Lo estoy sintiendo, así que lo estoy narrando en primera persona. Y cuando los demás vislumbran mi historia ¿será el destino que la escribe en tercera persona?
Creo que ahora sé lo confundidos que han de estar mis personajes, y los personajes de muchos artistas. La única diferencia entre nosotros es que ellos viven en mi mundo, yo vivo en la realidad.
Queda decir que...
Una cosa es escribrilo, otra... sentirlo.
Sigue doliendo esto, y sé que no es el mismo dolor que se siente al perder a un ser querido o cuando discutimos con alguien. Cada sufrimiento es diferente. Pero todo sufrimiento se supera, a base de esfuerzo, ganas y... fe.
Musa hasta aquí llega, por ahora. Ella aún no ha despertado del todo, pero lo está haciendo, y para mí es una alegría.
Con afecto, Esperanza.

10 nov 2011

Diario, 10/11/2011

10/11/2011

Por Dios, hace mucho tiempo que no me desahogo con este "diario" pero ahora ya es tiempo u.u Estaba siendo "madura" al no escribir aquí D:
Oqno. El punto es que, ser o no ser madura no es lo que me importa. Sino el saber que en verdad decepcioné a varias personas. Y sé que ya hostiga escuchar la misma cantaleta pero ahora lo he confirmado, porque... Me lo han dicho. O quizás no me lo dijeron pero yo confundí las palabras. Es decir, es difícil.
Los he decepcionado.
Sip. A ella, a él, a ellos.
Pero más que a nadie a mí misma. Es que no es la primera vez que me lo dicen: esfuérzate; y yo hago lo contrario. Es irónicamente chistoso, y triste (al menos para mí). Hoy quise llorar frente a mi madre porque desde hace días llevo guardado este sentimientos de asfixia en mi interior, pero a ella, no es que le molestó, pero no considera que llore por "tonterías".
Y por eso a veces (tan solo a veces) deseo que mis "problemas" fueran de adultos, de mayores para llorar con razón y no por cosas pequeñas. Lo que sucede es que me he creado en la mente esa idea de que los problemas adolescentes son idiotas y aunque no es verdad, porque es una etapa en la que obviamente nuestra cabeza va a pasar por líos, siento desde el fondo de mi mente (no corazón) que es... iluso.
Pero bueno, también está el hecho de que, aunque aquí o en cualquier parte parezco divertida (sí, claro), tierna y etcétera, soy una maldita amargada.
Por desgracia me tomo la cosas muy a pecho (ser muy sensible me hace portar así) y termino haciéndome daño cuando ni causa tiene.
Y por eso no me permito llorar, porque si comparo mis problemas con los de otros, es como estar viendo una casita con un rascacielos. Grande la diferencia, ¿no?
Pero le dije a una gran amiga que llorar es bueno porque te desahogas y conversas (aunque sea mentalmente) contigo, por lo tanto, no es una acción de inseguridad, de poco orgullo o de... no encuentro la palabra precia pero sé que comprenden. Algún momento necesitaremos llorar, no importa si es por algo tonto o por algo importante, pero sea como sea, para algo son las lágrimas ¿no?
Y bueno... Creo que... Me falta algo por decir pero como no lo recuerdo me voy n.n Ya es muy tarde.
Deséenme suerte en este día, yo les deseo lo mejor del mundo ;*
Girls' Generation (Solo las paso escuchando ahora xD)
Con amor, Musa.