6 dic 2013

Ángel.

Estábamos en la camioneta, viajando hacia algún lugar cuando, al mirar por la ventana, vi a un hombre ya mayor jugando con una pelota de trapo. No sé por qué pero no pude evitar pensar en por qué estaría él ahí tan solo y tan tarde, y por qué parecía que muchas cosas estuvieran pasando en el mismo instante que posaba su mano sobre la cabeza con un gesto de... ¿melancolía?
No sé tampoco por qué pero me dolió esa imagen.
Mientras miraba el atardecer por la ventana del carro, deseaba tener música y hacer trágico mi momento adolescente del día. Pero justo llegamos a un sitio muy bonito, que abre sus puertas guardando más historias que las que yo podría escribir, y todo aquello que quería ponerme triste dejó de ser importante.
Llevávamos las manos llenas de cosas materiales, pero el corazón vacío para cualquier experiencia que pudiéramos vivir en el momento. Entonces, entre pláticas apareció una mujer con un niño pequeño en su carrito. Pensé "ha de tener tan sólo unos meses", pero mi sorpresa fue tanta cuando me enteré que pasaba más del año. Su pequeño abdomen estaba hinchado y en los ojos de la madre había una valentía cargada de angustia que nos contagiaba a todos en la habitación.
Mi madre no dejó correr sus lágrimas hasta que escuchó la triste historia.
Un año, cuatro meses.
Una enfermedad congénita que condujo a sus dos hermanitos mayores a la muerte.
Una familia que ha tenido que vender sus pertenencias para poder pagar las medicinas que difícilmente llegan a sus manos.
Un dolor profundo en el alma.
El pequeño es un Ángel (qué hermosa coincidencia que se llame así), y tiene que hacerse 14 quimioterapias más para completar las 40 y poderle hacer trasplante de médula. Hay un donante por suerte, pero hay que esperar a los exámenes para ver si son compatibles.
Nos fuimos del albergue en el que estaban con el corazón encogido y con la promesa de volver y no dejarlos solos en esta dura batalla. Sé que así será.
No puedo decir ni siquiera cómo me siento porque no hay palabras para expresar lo doloroso que es el hecho de que hay demasiados seres en este mundo necesitando de tanta ayuda para poder seguir adelante y somos tantos los que nos compadecemos de nuestro propio pesar sin mirar al resto...
Sus ojos eran mágicos. Eran alegres e inocentes. ¿Sabría él a lo que se está enfrentando? ¿Sabría él que si no mejora su situación podría tener el mismo destino que sus hermanos? ¿Sabría él lo desesperados que están sus familiares por conseguirle un espacio en el mundo?
Dios..., tengo el alma rota.
Y poco a poco voy recogiendo los pedazos, porque si quiero ayudarle no seré un soporte inestable ni una expresión más de lástima. Seré apoyo y amor. Consuelo y paz. Fortaleza y valentía.
Espero que algún día ese niño pueda correr y sonreír incesante, sin que ninguna enfermedad ponga en peligro su futuro.
Espero que el anciano que fue el centro de atención en las primeras líneas de este escrito haya llegado a su hogar y haya recibido el amor que merece.
Espero que el mundo abra los ojos al exterior y se solidarice con el resto, sin juzgar.
Al final del día, cuando ya no había más que oscuridad entre las calles y entre las luces que emitían los faroles, iba una señora trotando y un gatito no mayor a 6 meses junto a ella, juguetón, risueño. Tan feliz como deberían serlo todos.
Tenía el alma dividida y el pensamiento confrontándose entre  el anciano, el niño y el gatito. Pero recordé que mi corazón adora a todos y a cuantos desee adorar en esta vida. Me sentí tranquila porque hoy alguien ya había recibido el cielo con una sonrisa.
Y no, no era el niño. Fui yo.
Con amor, Esperanza.

26 nov 2013

Celeste sereno.

Hace un rato me estaba preguntando -mientras miraba la ventana- ¿por qué cuando el cielo se pone tan blanco (antes de llover) decimos que está "oscuro"? Es decir, está más claro que nunca...
Pero no, el color del cielo no representa la intensidad del sol, como las sonrisas no representan el fuero interno de cada uno, ni sus pisadas en la arena...
He estado observando a unas cuantas personas en el transcurso del día, sólo para disfrutar de sus distintas personalidades. 
Si digo que no he ganado nada al hacerlo, estaría mintiendo.
Y me percaté de que cada uno sonríe con la picardía del otro y conversan tan amenamente que es difícil saber si realmente lo que expresan es lo que los embarga. Y lo digo así porque soy ignorante al estudio del ocultismo de sentimientos; no soy el tipo de persona que con una sonrisa lo tapa todo. Como decía, entre miradas y miradas no encontré más que malos intentos de llenar vacíos con tontas escenas que deberían ser eliminadas de la película de sus vidas pues..., ya saben: el relleno sólo desespera y estorba.
Yo pensaba mientras los veía que, quizá, sus problemas no son tan grandes y saben apartar las cosas inútiles de las verdaderamente importantes. O tal vez son personas que entienden la diferencia entre ser fuerte -mientras sufren en silencio- y hacer dramas innecesarios.
Personalmente, no comprendo la diferencia entre ambas. Estoy tan confundida y suelo pensar que ser fuerte es compartir tu dolor con alguien y mantenerte en pie, buscando salidas a los problemas (pero soy una persona realmente dramática a la que no le cabe en la cabeza nada cuando la adversidad acecha su ser).
Estas personas a las que estuve mirando son tan normales como yo, y no menos o más especiales. Tan sólo son personas de las que me gustaría escribir un libro por cada vez que se descuidan y dejan abiertas las ventanas de sus almas. Pero gracias a ellos descubrí algo impresionante y que tal vez muchos se han dado cuenta antes... El color del cielo no representa necesariamente la intensidad del sol, pero sí las distancias entre este y el eje en el que estamos.
Es como la distancia entre la sencillez de una sonrisa con la melancolía de una mirada. No me parece algo hipócrita de quien lo haga, pues en ocasiones es difícil hacer que nuestros gestos alcancen nuestros ojos. Y es que pareciera que tuvieran vida propia.
Los ojos... Cómo quisiera poder descifrar lo que cada uno de ellos quiere gritar. A las personas nos encanta opacarlos para que nadie revele nuestros cientos y cientos de secretos, y camuflarlos con la perfecta solemnidad de una sonrisa. Pero lo que no solemos ver es que el vidrio que separa el interior del exterior sólo tiene cortinas para el que pasa por su lado sin mirar. Para los que nos fijamos en el tesoro que guardan, no hay nada.
Somos un peligro...
Estoy inspirada en la manera en la que no quisiera estar: no encuentro una melancolía específica para quedarme callada mirando por el balcón. Pero la tristeza es abstracta y en casos como este, no necesita razones para quedarse.
Y sí, el cielo se ve celeste sereno, pero acá adentro está oscuro.
Bless U.

Remolinos en el cabello

Hola mundo.
Bonita tarde la de hoy. No se ve para nada el sol y está tan calmado que dormir sería un pecado.
Vengo este día con ganas de hablar de alguien... Pero no de la manera en que se suele pensar. Sucede que este «alguien» no es de este mundo precisamente pero tampoco diré nombres (ya, claro).
El cielo de este momento se podría comparar con la tonalidad de su piel y lo nublada que se pone mi mente cuando recuerdo el contorno de sus ojos. No es el ser más apuesto del universo pero tampoco es el más ingrato de todos..., bueno sí. Es algo ingrato, y tan estúpido que deja a los demás estupefactos (¿hay relación directa entre estas palabras?)
Y yo estoy diciendo tonterías...
No sé qué podría decir de este «alguien», pues no lo conozco de verdad y no he tenido la oportunidad; pero -y muy sorprendente, se podría decir- no le quiero conocer. Me da miedo pensar que toda ilusión detalladamente creada en mi cerebro se podría arruinar al escuchar unas palabras de sus simples labios.
Tampoco sé cuál es el sentido de escribir todo esto... quizás es por si algún día lo llegara a leer (lo cual dudo con el alma), pero si es así, «alguien»: debes saber que no existe armonía entre tu existencia y la mía y es por eso que nunca podrás rozar esta piel, sin embargo, eres la conmoción que he estado necesitando estos últimos tiempos para mantenerme en pie.
Gracias.

4 nov 2013

Ausencia de colores.

Hola, mundo mío.
Aquí llego yo como ha llegado noviembre para mí: sin aviso y sin novedades.
Estos últimos tiempos han sido algo complicados para este corazón, y no es que esté reviviendo experiencias pasadas, sino que las decisiones que la vida empieza a poner en mi camino se van complicando como los niveles de un video game. Quizá son cosas sin relevancia para el resto del universo pero para mí, en mi aparentemente pequeño mundo, son cosas que han de marcar mis páginas hasta el último pedazo de papel que me quede.
Y es que hay adultos -y adolescentes mismos- que me dicen: cálmate, no puede salir mal. No, bueno... Sé que no es el fin del mundo pero fuera extraordinario que alguien pudiera controlar al neurotransmisor que hace sudar mis manos y latir fuertemente a mi corazón.
He de ser sincera: como todo el tiempo, estoy haciendo tormentas en mi deliciosa bebida de chocolate, pero mi manera de ver las cosas se debate entre lo infantil y lo maduro. Por lo que he oído, es más fácil equivocarse ahora que uno es joven que después, cuando las decisiones se ven agotadas con el surgir de las arrugas. En realidad, creo que lo más difícil es vivir ahora sin pensar en el futuro (si es que nuestro dogma es que el destino lo escribimos nosotros mismos). Y es que a diario suceden tantas cosas de las que uno tiene que asumir parte y que hacen que vayan disminuyendo las horas del té y los sueños en vainilla. Pero entonces recuerdo que la esperanza en mí no se ha extinguido y que a penas llevo 17 años en este mundo lleno de novedades y de magia escondida en el césped sin cortar o en las mariposas que aún no salen del capullo. Y es ahí, en ese preciso momento, que siento las ganas de volar, correr y reír.
Y es justamente en ese momento cuando regreso aquí.
La inspiración sigue ahí afuera de mi ventana, en forma de gotas de lluvia queriendo rodar por mi piel y bañarme en sueños. Pero la imaginación se ha convertido en una amiga pasajera que se ha olvidado de nuestras citas entre sueños y de nuestros encuentros en clases. Si alguien la ha visto, dígale que la extraño y que el tesoro que había plasmado en mi cuaderno no es mío, sino un tributo a su existencia.
Con cariño, Esperanza.

5 oct 2013

Fortuna.

No sé realmente..., pero esta madrugada es una de esas en las que he quedado sin aliento.
Personas... Personas hay muchas en el mundo (demasiadas, diría yo), pero grandiosas personas hay pocas para cada uno de nosotros. 
Lo pongo así: no hay luna, hay mucho frío y mi agenda de recuerdos decide mostrarse ante mí con una de sus páginas dobladas. Llego a ella y la abro para arreglarla. Entonces una sola palabra cambia mi absoluta perspectiva de la noche: sentimientos.
Y si puede entrar en lo irónico, si es que es posible, la esencia de esta palabra me salvó de ella misma. Me sentía melancólica, me sentía perdida y más que nada me sentía vacía. Pero la leí como quien lee lo que no debe, como quien lee lo que quiere, como quien lee lo que no esperaba. Como cualquier cosa que lee y luego se procesa. Sentimientos...
Tuve que leerlo dos veces, no para comprenderlo porque aquello ya lo había hecho hace un buen tiempo, sino para revivirlo, para recordar que alguna vez fui importante en el pensamiento de alguien que entre sus tesoros me escribió. Dios y ese ser lo saben.
Personas, personas hay muchas; amigos hay muchos y pocos también; pero seres a los que es difícil de describir en una sola palabra hay pocos y este es el caso...
No sé si suene egoísta, no sé si vaya a cambiar la perspectiva de quien inspiró estas palabras, pero agradezco que seas invisible, y más que nada agradezco que esta madrugada sólo yo haya leído aquello pensamientos.
Y gracias. Gracias por esperar tan pacientemente al segundo en que mi respuesta llegara a tu ordenador y gracias por haberme hecho caer en cuenta de mi error... Hubiera seguido creyendo que debía llamarme a mí misma algo que quizá no soy (o tal vez sí), pero que sólo sería especial si fuera otro quien me consagrara con aquel nombre. Tú sabes bien.
Realmente mi agenda no está a la vista, y tampoco he pensado en abrirla..., pero como las casualidades del destino, como la suerte o como el hado que en un libro escrito estaba, llegué a aquel muro de sentimientos escritos con tanta paciencia y dedicación y fue entonces que mis ganas de escribir volvieron. Si alguna debías hacer algo por mí, agradezco que haya sido hoy.
Atentamente,
Alguien que está construyendo un pequeño mundo con nubes de tiempo y árboles de sentimientos.

1 oct 2013

I'm back.

Hola, mundo.
Hace tanto que no escribo en este blog..., siento que han pasado años pero sólo han sido meses, y qué puedo decir de mí; no he cambiado (o eso creo).
Estoy nerviosa. Realmente nerviosa. El sábado que pasó di por fin las pruebas para el ingreso a la universidad para las que, debo decir, me preparé bastante (aunque sigo pensando que no fue suficiente).
Me han preguntado cómo salí y yo he respondido que "caminando". Es la respuesta más certera que puedo dar. No sé realmente qué tal salí, no recuerdo en este momento si realmente di todo de mí para sacar un excelente puntaje o qué..., sólo sé que estoy aterrada por saber la calificación. Se supone que la dan en dos semanas, pero estoy tan impaciente: quiero que llegue ese día y a la vez no. Quizá cuando suceda se termine mi martirio, y es que para llenarme más la cabeza de ideas negativas estuve leyendo sobre carreras y esas cosas hace un momento. Debo decir que no más de imaginarme cómo será el futuro me sudan las manos. Raro porque justo ahora tengo frío. Pero bueno, vine al blog a desestresarme y a olvidarme que di una prueba muy importante en mi vida (o eso me dijeron).
Desperté esta mañana con la idea de que, en estos tiempos en los que leer se ha vuelto una moda, todos quieren ser escritores. Y no es que yo sea una gran escritora o tenga una imaginación de los dioses, pero llevo desde pequeña en este mundo mágico y creo que es incómodo e innecesario que se marque tan groseramente esta era de la escritura y literatura con, ya saben, la tan mencionada "literatura barata".
Yo he leído varios de esos libros "por probar" y debo ser sincera: antes me gustaban. Pero cuando empiezas a leer textos fructíferos y a analizarlos y reseñarlos, o escuchar las críticas de sabios experimentados que incursionan en estos aspectos, te das cuenta de la realidad y empiezas a desechar todo aquello que parece banal a simple vista.
Cada vez que voy a comprar un libro mi madre me pregunta si no es uno de esos que las niñas de esta sociedad llaman: "un buen libro". Y yo como siempre respondo entornando los ojos porque simplemente no me atraen.
Leí alguna vez, en alguna imagen de esas que ahora publican en las redes los grandes eruditos del amor (nótese el sarcasmo, porfavor), de alguien por ahí que la escritura es como el amor: si no nace no es verdadero, no es único, no llega al corazón del que lo percibe. Y es cierto... Tanto en la poesía como en las novelas una idea única y especial es la que casi siempre cautiva, pero para que sea así esta premisa debe ser valorada y desarrollada con fundamentos. Si tiene que viajar a la fantasía, que lo haga, pero si debe ser realista, que no exceda sus caminos. Yo sé que la imaginación humana puede viajar a mundos fantásticos, y quién sabe cuántos universos hay en realidad a parte de este que creemos conocer, pero muchos nos limitamos a lo cotidianamente inalcanzable. Sí, esa vida que desearíamos tener pero que por desgracia no es nuestra.
Alguna vez quise escribir sobre algo rutinario, pero se volvió tan aburrido para mí misma que desistí. Me gusta escribir poesía aunque no conozco mucho de los más reconocidos poetas. Me gusta escribir mis historias aunque aún tienen un matiz infantil. Me gusta escribir ensayos que luego desecho porque creo absurdos. Me gusta escribir y siempre he pensado que es en realidad una necesidad para mí... Es algo que fortalece mi alma y me ayuda a mí misma a superarme. Pero nunca será una moda, porque a las letras las llevo en la sangre O rH Postiva que corre por mis venas.
Gracias papá y mamá por amar tanto la escritura y la buena lectura. Gracias por haberme tenido.
Al punto que quería llegar es que, si escribir y leer se convierte en una moda, ¿qué será de nuestros hijos en un futuro cercano cuando los conocimientos queden desechados por absurdas peroratas de escritores que no tuvieron más elección que trazar historias para agradar a las masas?
Y bueno, ahí queda la cosa. Si no paso la prueba, seguiré intentando porque de eso se trata la vida, de alcanzar una meta aunque hayas fallado mil. Y además, siempre tendré algún "Érase una vez..." en mi cabeza para plasmarlo en cualquier rincón de este planeta.
God bless U.
Esperanza.

25 jul 2013

Diario, 25/07/2013

Hoy, al subir a la camioneta para ir al colegio, Tefa dijo con pesar "este no será mi día" y yo pensé: "pero llegar tarde al colegio no es señal de mal augurio, a mí me va bien el resto del día casi siempre". Pero en ningún momento pensé en que este iba a ser ese porcentaje tan diminuto que suele contradecirme. Y no es que haya sido un mal día porque he tenido peores, sino que... No sé, ha sucedido tanto desde que me cambié de colegio. Sí, ha sido un gran cambio y no sé si ha sido para bien o para mal, porque aún no veo los resultados pero el proceso no está siendo tan fácil de llevar.
Las pruebas para ingresar a la universidad se acercan y aunque me estoy esforzando no siento que sea suficiente. Sin embargo, eso no es lo que me atormenta. Este nuevo colegio me ha dado mucho que pensar; las personas en él, los maestros, las cosas que suceden ahí a diario. Y no es que medite sobre ellos, sino sobre mí misma. Cosas que nunca se me hubieran cruzado por la mente. Quizás es el nuevo ambiente que me ha abierto un poco los ojos a otra realidad, ya que antes estaba acostumbrada a los mismos problemas, al mismo universo y ahora es como si estuviera sola en un mar de gente. Sí, así.
De verdad extraño mi anterior colegio y me encantaría mucho estar con mi gente, pero también me gusta el de acá. Me sorprende lo que puedo descubrir sobre mí misma allí. He aprendido a aceptar mis errores y a darme cuenta de ellos sin echarme la culpa de una manera tan cruel. Sé ahora qué cosas son adecuadas de decir y qué no, o a sonreír sin motivos o con penas.
Bueno, esas cosas las habría aprendido en cualquier lugar o cualquier momento siempre y cuando representaran un cambio (el cual necesitaba). Pero hay cosas que no voy a aplicar nunca porque la teoría ya la aprendí de memoria.
Siempre me digo a mí misma: "no digas eso"; siempre me recuerdo a mí misma: "no hagas aquello"; siempre me reprendo a mí misma por hacer cosas indebidas. Pero una cosa es decirse a sí misma qué hacer, y otra muy distinta es escucharse, porque en aquel momento que hablamos con nuestra conciencia es cuando dejamos de ser una persona para convertirnos en dos, en ese amigo que necesitamos y que, a absolutamente nadie, le contará sobre lo que pensamos o sentimos; y es en ese preciso instante que empezamos a cumplir el papel del que habla y del que escucha. Es tan triste que sólo sepamos hablar y no escuchar. A mí me sucede todo el tiempo. Me gusta mucho hablar pero no soy buena escuchando, ni a mí misma... Y por eso tantos errores repetidos.
Tal vez sí he intentado escucharme a mí misma, pero es un gran conflicto. Es como si tuviera un botón de apagado y dejo de hacer todo lo que estuviera haciendo, pero se enciende mi modo pensativo y empiezo a verificar cosa por cosa que haya hecho y entonces me siento culpable porque en cada mirada, en cada palabra y en cada gesto ha habido algo que en ningún momento debió salir de mí.
Sigo en lo mismo, sintiéndome culpable pero esta vez conociendo razones. Supongo que es un buen avance, ¿no? Y eso me hace pensar en mantenerme en un estado pasivo para así no cometer esas equivocaciones que no dejan a mi conciencia tranquila (y esta a mí no me deja dormir).
Mañana tendré 17 años y un mes cumplidos y aún no sé cómo se vive la vida. Me siento apretada, y  me gustaría fluir..., que cada cosa que sucede en mi vida fuera divertida o una pasión (¡hasta la tristeza!), y no un motivo de presión. Así siento que se me escapa la juventud en un segundo y no sé cómo hacerle para rebobinar y levantarme tras cada caída en vez de esconderme.
Ha sido bueno escribir aquí. Lo necesitaba.
Y bueno... El día aún no ha acabado y yo aún estoy joven. Mientras tanto que los girasoles continúen siguiendo al sol como los humanos deberíamos seguir nuestros sueños.
Con afecto, Esperanza.