31 ene 2016

Cangrejo.

Estoy destinada (o condenada) a subir y bajar.
Cuando estoy abajo, sé que por ley subiré. Y cuando estoy arriba, sé que de alguna manera he de bajar. Como el ocho.
Pero también sé que no será por voluntad propia.
Estoy destinada a ser.


8 ene 2016

Autoconocimiento.

AUTOCONOCIMIENTO Y SU TRANSFORMACIÓN EN EL APRENDIZAJE DEL SER HUMANO.
«El misterio final es uno mismo» es una frase que conocemos de Oscar Wilde y que encaja perfectamente para el término «autonocimiento», y es que ¿quién no se ha preguntado qué tanto se conoce a uno mismo? Hay tantas cosas que creemos saber de los demás y del mundo, pero que no se revelan ante nosotros porque están ligadas con el aprendizaje de nuestro ser como individuo.
Abordar un tema tan complejo como el autonocimiento —porque sí, lo considero complejo—, es necesario conocer qué significa y cuáles son los límites que tiene o hasta dónde nos puede llevar su aplicación en nuestra vida cotidiana. A pesar de que la RAE no lo considera como un término aún, existe un enunciado de dominio público y que se acomoda a las exigencias de esta palabra compuesta que lo define como «el resultado de un proceso reflexivo mediante el cual la persona adquiere noción de sí mismo; de sus cualidades y características». Entonces, si el autoconocimiento es un resultado, Wilde acertó al manifestar que es el misterio final. ¿Pero lo conseguimos?
Autoconocerse comprende más allá de lo que nuestros ojos ven y lo que nuestra mente recuerda. Como humanos, somos seres complejos que, al tener la facultad de pensar y expresarlo mediante palabras, estamos expuestos a constantes cambios en nuestro comportamiento y actitud, y debemos esto también a la interacción social que desarrollamos desde que estamos en el vientre materno. Entonces, esta complejidad hace que el conocimiento de nosotros mismos sea algo que, como cualquier ciencia, hay que dedicarle atención y estudio diario. Cada día se presentan situaciones nuevas y personas nuevas ante las cuales debemos reaccionar como respuesta a la supervivencia y a la convivencia (dos factores que luchan frecuentemente. en nuestro interior). Por lo que autoconocerse es una tarea que debemos cumplir. Para explicar esto mejor, es necesario conocer la Ventana de Johari, una propuesta de los psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham, la cual está anexada en el presente documento.
La Ventana de Johari expone cuatro situaciones de las cuales solo dos hacen referencia al autoconocimiento: lo que yo sé de mí y los demás no (área oculta) y lo que tanto yo como los demás conocemos de mí (área libre). Las dos restantes —lo que yo desconozco y los demás sí (área ciega) y lo que tanto yo como los demás desconocemos (área desconocida)—, no se acomodan a la circunstancia del autoconocimiento, pero sí se establecen como parte de una persona, puesto que son áreas que posteriormente se resolverán a lo largo del desarrollo humano.
Las dos áreas antes mencionadas son el resultado de este proceso de reflexión. Pero llevarlas a cabo tiene un costoso y largo transcurso. Desde que somos pequeños hasta que llegamos a la edad adulta, vamos amoldando nuestros pasos al tipo de suelo que pisamos y nuestra mente se va forjando de enseñanzas y experiencias que la hacen «madurar». La forma en que recepto el regaño de mis superiores (ya sean familiares o profesores) no es la misma que cuando por primera vez cometí un error «digno de ser corregido», y la respuesta que doy ante un periodo de estrés no será el mismo que cuando labore y tenga más responsabilidades pesando en mi espalda. ¿Por qué? Porque he aprendido a manejarlas de maneras distintas (sin escatimar si son mejores o peores) y de esta manera me he ido moldeando como ser humano. Todo esto abarca el autoconocimiento: saber cómo reaccionaré ante determinadas situaciones, cómo soy cuando estoy solo, cómo soy cuando estoy acompañado, el porqué de mis respuestas, la razón de mis acciones, el pasado que me sigue y el futuro al que temo. Sin embargo, somos más que eso pero conocemos menos que eso, también.
Somos seres en constante evolución, lo que implica desechar ciertas cosas de nosotros y reemplazarlas por otras. Parte de la naturaleza del ser humano es competir, y la mayor competencia que tenemos somos nosotros mismo. Dentro de esta competencia, está el objetivo de cambiar, de ser distintos y de acoplarnos a la meta que nos trazamos en determinado momento, por lo que necesitamos avanzar e innovar, con nosotros mismos y con nuestro entorno. En eso se basa el desarrollo humano, y su aprendizaje es fundamental para contribuir con este.
¿Pero en qué ayuda el autoconocimiento al aprendizaje del ser humano?
Para conocer el océano, hay que estudiar sus elementos; para conocer el universo, hay que estudiar las estrellas; para saber el funcionamiento del ser humano, hay que estudiar sus órganos; para conocer al ser humano, hay que estudiar a cada individuo. Pero esto no es tarea de una sociedad, ni de una organización, ¡ni de científicos o profesores!, es tarea de uno mismo, porque somos tan infinitos como el universo y tan complejos como el mar que intentar abarcar con todos sería intentar abrazar todo el oxígeno del planeta sin que ninguna partícula quede fuera.
¿Contribuye conocerse a sí mismo para aprender de los demás?
Sí, porque parte del autoconocimiento es la reflexión del ser y sus características, y ya que nos asemejamos tanto en físico, nuestras mentes no están lejos de esta aproximación. Mejor dicho, es como tomar en una botella agua del mar e intentar conocer las propiedades de este en general con esta pequeña porción. ¿Que no será como el agua que está a un kilómetro de distancia? Es cierto, pero tampoco está tan lejos de parecerse.
Tal vez el mayor error de la humanidad es querer aprender del exterior sin haber conocido su interior, y aunque lo aplica en otros ámbitos como la tecnología y la medicina, aún no se lo ha propuesto como humanidad, que es tan o más importante que el próximo invento que facilitará nuestro diario vivir.

Conocerse totalmente ha de ser el éxtasis de la vida, o el final del misterio como dice Wilde, aunque para mí, este misterio nunca tendrá fin. Las otras dos partes de la ventana de Johari forman parte de este largo recorrido por el que intentamos caminar y que deseamos terminar con satisfacción, pero que día a día se va alargando más y más, sin final. Sin embargo, el objetivo de vivir es tener noción de lo que somos y hacia dónde nos dirigimos, de forma que no sólo sabremos de nosotros sino del humano como un todo, como humanidad.

Autora: María Esperanza Álava Zambrano.
(Trabajo de Desarrollo del Pensamiento, UTM)

24 nov 2015

Ocho minutos.

Hay algo extraño en esta mañana en la que la casa está sola y las canciones se reproducen sin confortar al corazón que las escucha. La soledad.
Hay un aire de ansiedad que se encierra en estas cuatro paredes y no deja que mis piernas y manos se queden en un solo lugar. Pero no es miedo a la soledad, sino a los minutos que quedan para que esta se vaya.
Esperanza.

5 oct 2015

Diario.

He escuchado muchas veces decir a muchas personas que ya han madurado. ¿Pero qué es madurar? 
Después de observarlos a todos ellos, siento que hay muchas formas de ser maduro. Es decir, no es algo universal. No sé. No tiene sentido para mí.
Siento que he crecido un poco...
Hoy el día estuvo soleado, tanto que sentía fuego en mis cabellos; pero mi corazón lo contrasta con su tristeza. Mi alma se siente desgarrada por dentro. 
Así que decidí llorar... 
Lloré tanto que llegó un momento en que si quería seguir llorando, ya no tenía sentido, ya no me molestaba el dolor. Pero mi problema no se había solucionado. Así que miré mi teléfono y busqué entre mis contactos a mis amigos cercanos. Pero me di cuenta que sus perfiles reflejaban tristeza también y pensé «ellos también tienen sus problemas propios». 
Lo apagué.
Y después de un rato, mirando a la nada me imaginé si les escribía; si les pedía consuelo o si les contaba lo que me sucedía..., y resulta que esa imagen no me confortó, porque tal vez no me escucharían como quiero que me escuchen. Incluso tal vez dirían cosas por decir. 
Las palabras por pantalla no son lo mismo que el reconfortante silencio de un abrazo.
Así que me dije a mí misma: «no busques un consejo, no vendrá. Y si viene, no lo necesitarás. Los mejores consejos llegan cuando menos lo esperas, y ahorita lo estás esperando. Llora. Llora mucho y después limpia tus lágrimas. Duerme y ya mañana solucionarás el problema».
Algunas personas me han dicho que maduraron porque se dieron cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos porque están más en las malas que en las buenas... Pero a veces no queremos decir que estamos en las malas, entonces ¿cómo lo van a saber ellos?
He estado muchas veces en las malas y no le he dicho a mi mejor amiga, pero eso no hace que ella sea mala o no sea la persona que pensé que era. No, simplemente no le dije que estaba mal porque no quiero compartir mi pesar o porque no quiero molestarla. Da igual. Es mi problema. Pero ella sigue siendo mi mejor amiga.
Y es que me doy cuenta que he crecido porque en momentos como estos no quiero nada, sólo llorar. Sólo quiero darle a mi dolor su respectivo luto, sin bombos ni platillos. Simplemente suspiraré y dejaré ir poco a poco esto que siento. Y cuando revise de nuevo mi celular, tal vez todavía no sepa quiénes son mis verdaderos amigos, pero tampoco tendré que probarlos, porque para mí la vida no se trata de probarlos a todos, porque no todos giran a mi alrededor. Y así. 
Escojo vivir así porque nadie se odia y cada quién se preocupa por lo suyo. Ya vendrán momentos para dar la mano al otro (y si es que el otro quiere que se la den; sino, no importa. Eso no lo hace menos amigo).
He terminado de escribir esto con mi dolor un poco menos fuerte pero aún latente, y tan poco madura como cuando nací.
Ya mañana será otro día y podré levantarme con la fuerza que me caracteriza. Tal vez me quede en la cama todo el día viendo pasar la vida o quizás ni siquiera despierte. Nunca sé. Pero esta noche los amigos siguen en el corazón y mi problema en la mente. Son dos mundos aparte. Fin.
Esperanza.

19 sept 2015

En agosto, alguna vez.

Los meses pasan volando, como las hojas arrastradas por el viento. Tan imperceptibles que los kilómetros recorridos se vuelven desconocidos.
Parece mentira que he malgastado muchos momentos sin llorar, cuando lo que quería hacer era desahogarme. Sólo por el miedo a mí misma y a mis lágrimas.
Existe la oportunidad de cambiar, si valoramos el tiempo y le damos su espacio al desconsuelo, para que no exija más cuando tengamos que salir al mundo.

Un café para los taciturnos y miel para el trago amargo que viene después.
Esperanza.

30 may 2015

No me he ido, aún.

No hice nada.
Estuve un rato sin hacer nada, sólo pensar.
Sentí que estaba pensando por primera vez; pensé que por primera vez sentía.
Y me di cuenta de por qué la soledad no es tan mala compañera; ella no presiona.

10 ago 2014

Se apagan las luces.

Esta noche las luces se apagan, como siempre. Esta noche las cartas quedan donde empezaron, en el regazo del que las escribió. Esta noche no hay nada que quiera saber de la gente.
Hace algún tiempo llegué a desear que una tristeza me acongojara a tal punto que la belleza en mi interior se viera expuesta. Lo que nunca pensé es que ésta no tendría más motivo que un dolor en el corazón. Una herida que evita ser remediada y opaca las esperanzas en mi interior.

Desearía que estuvieras conmigo. Sólo una noche…, por el resto de mi vida.
Esperanza.